| ENFERMEDAD
DE KAWASAKI
Introducción
La enfermedad de Kawasaki (EK) debe su nombre al pediatra japonés
que describió este proceso en 1967, el Dr. Tomisaku Kawasaki.
Él reconoció en un grupo de niños japoneses
una enfermedad no descrita con anterioridad que combinaba fiebre,
erupción en la piel, conjuntivitis, enantema (enrojecimiento
de la garganta y de la mucosa oral), hinchazón de las manos
y pies, y aumento del tamaño de los ganglios linfáticos
del cuello, que llamó Síndrome Mucocutáneo
Ganglionar. Años más tarde se empezó a describir
la aparición de complicaciones cardiacas en niños
que habían tenido la EK, incluyendo el desarrollo de aneurismas
(dilatación) de las arterias coronarias.
¿Qué
es?
La enfermedad de Kawasaki es una vasculitis sistémica aguda;
ello significa que se produce una inflamación de la pared
de los vasos sanguíneos (vasculitis), de tipo agudo, en
más de una localización (sistémica). La mayoría
de los niños con EK presentan los síntomas sin sufrir
ninguna complicación, aunque en un pequeño porcentaje
la inflamación de la pared del vaso se sigue de una dilatación
(aneurisma) del mismo; esta complicación afecta preferentemente
a las arterias coronarias, que son las que irrigan el corazón.
¿Cómo
es de frecuente?
La EK es una enfermedad rara, a pesar de ser la segunda causa
de vasculitis en pediatría después de la púrpura
de Schönlein-Henoch. Es una enfermedad casi exclusiva de
niños pequeños, de manera que de cada 100 niños
con la enfermedad 80 son menores de 5 años. Es algo más
frecuente en varones que en niñas; asimismo, es más
frecuente al final del invierno y en primavera, aunque se producen
casos a lo largo de todo el año. Puede afectar a niños
de todas las razas aunque es mucho más frecuente en niños
japoneses.
¿Cuál
es la causa de la enfermedad?
La causa de la enfermedad de Kawasaki es desconocida, aunque se
sospecha que tiene un origen infeccioso. Es probable que un germen
(un virus o una bacteria) desencadene, en pacientes predispuestos
genéticamente, una respuesta anormal de su sistema defensivo
(sistema inmune) responsable de una reacción inflamatoria
que puede lesionar la pared de los vasos sanguíneos.
¿Es
una enfermedad hereditaria? ¿Se puede prevenir? ¿Es
contagiosa?
La enfermedad de Kawasaki no es hereditaria, aunque se sospecha
que puede existir una cierta predisposición genética.
Es excepcional que más de un miembro de una misma familia
presente la enfermedad, que ni es contagiosa ni puede prevenirse.
Raramente, un niño puede llegar a tener dos veces la EK.
¿Cuáles
son los síntomas más habituales?
La enfermedad comienza con fiebre alta, para la que no se encuentra
causa, de al menos 5 días de evolución, que puede
estar acompañada o seguirse de una inyección conjuntival
(ojo rojo) no exudativa (sin legaña). Además de
la fiebre es frecuente que los niños tengan una irritabilidad
intensa, inusual en otros procesos febriles.
El niño puede presentar distintos tipos de erupciones cutáneas,
incluyendo erupciones similares a las del sarampión, la
escarlatina o la urticaria. La erupción afecta principalmente
a la zona del pañal, aunque puede extenderse al tronco
y a las extremidades.
Las manifestaciones de la EK a nivel de la boca incluyen la presencia
de labios rojos, brillantes y fisurados, enrojecimiento de la
lengua (tan significativo que se llama “lengua aframbuesada”),
y enrojecimiento de la faringe.
Las palmas y las plantas pueden estar intensamente rojas, pudiendo
hincharse asimismo las manos y los pies. Entre la segunda y la
tercera semana aparece una descamación característica
(en colgajos) alrededor de la punta de los dedos de las manos
y de los pies.
En más de la mitad de los pacientes se produce un aumento
del tamaño –de al menos 1,5 cm de diámetro–
de algún ganglio del cuello, habitualmente de uno sólo.
Otros síntomas que también pueden estar presentes
son dolor o inflamación en las articulaciones, dolor abdominal,
diarrea, irritabilidad y dolor de cabeza, entre otros.
La afectación del corazón es la manifestación
más grave de la EK por la posibilidad de producir complicaciones
a largo plazo. Se pueden detectar soplos cardíacos, arritmias
y alteraciones ecocardiográficas. Puede existir inflamación
en cualquiera de los componentes del corazón, incluyendo
la membrana que rodea al corazón (pericarditis), el propio
músculo cardiaco (miocarditis), o las válvulas cardiacas
(endocarditis). La característica más importante
de esta enfermedad, sin embargo, es la aparición de aneurismas
en las arterias coronarias.
¿Es
la enfermedad igual en todos los niños?
No. Ni la gravedad de la enfermedad es la misma, ni todas las
manifestaciones descritas están presentes en cada uno de
los niños con EK. De hecho, las complicaciones cardiacas
son infrecuentes, ya que sólo 2 de cada 100 niños
adecuadamente tratados tienen aneurismas.
También se han comunicado formas incompletas de la enfermedad,
sobre todo en niños menores de 1 año; ello significa
que los niños no tienen las manifestaciones clínicas
características, lo que hace más difícil
llegar al diagnóstico correcto. Este grupo de niños
es el que, además, tiene más riesgo de desarrollar
aneurismas.
¿Es
la enfermedad igual en niños y en adultos?
La EK es una enfermedad de la infancia. Los adultos pueden presentar
formas similares de vasculitis, pero con un cuadro clínico
diferente.
¿Cómo
se diagnostica?
El diagnóstico definitivo se basa siempre en criterios
clínicos. Para ello se exige la presencia de fiebre alta
–para la que no se encuentra causa– de 5 o más
días de duración, y 4 de las siguientes 5 manifestaciones:
conjuntivitis bilateral, erupción cutánea, alteraciones
en la boca, alteraciones en las extremidades, y aumento de tamaño
de los ganglios linfáticos. Para poder hacer el diagnóstico
es preciso que no haya evidencia de ninguna otra enfermedad que
pueda producir síntomas parecidos.
Dada la existencia de formas incompletas de la enfermedad siempre
debe considerarse el diagnóstico de EK en aquellos niños
con síntomas sugerentes de la misma, aunque no cumplan
los criterios diagnósticos mencionados.
¿Qué
análisis o qué pruebas son útiles?
Los análisis disponibles no son específicos de la
enfermedad pero resultan útiles para valorar el grado de
inflamación existente. Algunos de los indicadores de inflamación
utilizados incluyen la elevación de la velocidad de sedimentación
(generalmente más alta que en otras enfermedades febriles
de similares características), del número de glóbulos
blancos de la sangre (leucocitosis), y la disminución de
los glóbulos rojos (anemia). El número de plaquetas
(células encargadas de la coagulación de la sangre)
es normal en las primeras semanas de la enfermedad, pero aumenta
a partir de la segunda semana alcanzando cifras muy altas. Es
recomendable repetir los análisis periódicamente
hasta que se normalicen.
También conviene solicitar un electrocardiograma (ECG)
y un ecocardiograma. El ecocardiograma permite detectar la presencia
de aneurismas, ya que evalúa tanto la forma como el tamaño
de las arterias coronarias. Cuando un niño presenta alteraciones
coronarias requiere seguimiento por cardiología infantil,
así como estudios y evaluaciones adicionales.
¿Tiene
cura?
La mayoría de los niños con enfermedad de Kawasaki
se curan. Sin embargo, algunos niños desarrollan complicaciones
cardiacas a pesar de haber sido tratados adecuadamente. La EK
no puede prevenirse, por lo que la mejor manera de disminuir sus
complicaciones cardiacas son el diagnóstico y tratamiento
precoces.
¿Cuál
es su tratamiento?
Una vez que se hace el diagnóstico –probable o definitivo–
de EK se debe proceder al ingreso hospitalario del niño
para el tratamiento y valoración de las posibles complicaciones
cardiacas. Es recomendable que los niños sean tratados
en cuanto se realice el diagnóstico, ya que ello evita
o reduce el desarrollo de complicaciones.
El tratamiento consiste en la administración de aspirina
vía oral y de gammaglobulina intravenosa, ambas a dosis
altas. La gammaglobulina contiene un concentrado de los anticuerpos
humanos presentes en la sangre. Este tratamiento disminuirá
la inflamación sistémica, haciendo desaparecer los
síntomas agudos. La gammaglobulina constituye la base del
tratamiento, ya que es capaz de prevenir la aparición de
alteraciones coronarias en una gran proporción de pacientes.
También se utilizan, aunque con menos frecuencia, los corticoides.
¿Cuáles
son los principales efectos secundarios del tratamiento?
La aspirina puede causar intolerancia gástrica, así
como una elevación transitoria de los enzimas hepáticos.
La gammaglobulina es generalmente muy bien tolerada.
¿Cuánto
tiempo debe durar el tratamiento?
La gran mayoría de los pacientes recibirán una sola
dosis de gammaglobulina, aunque en algunos niños es necesario
repetir su administración.
La aspirina se administra a dosis altas durante los primeros días
de la EK, mientras persiste la fiebre; en cuanto ésta desaparece
se rebaja la dosis. Posteriormente se continúa administrando
aspirina a dosis bajas por su efecto como antiagregante plaquetario,
esto es, para que las plaquetas no se peguen unas a otras y se
evite la formación de trombos o coágulos dentro
de los aneurismas. La aparición de trombos puede favorecer
el desarrollo de un infarto de miocardio que, aunque es algo absolutamente
excepcional, representa la complicación más temible
de la EK.
La duración del tratamiento con aspirina depende de la
presencia o no de aneurismas. Aquellos que no los desarrollan
utilizarán aspirina durante pocas semanas, mientras que
los que sí los tienen la utilizarán durante períodos
más largos.
¿Qué
papel tienen los tratamientos alternativos / no convencionales?
Estos tratamientos no son aplicables en esta enfermedad.
¿Qué
tipo de revisiones y de controles periódicos son necesarios?
Se recomienda obtener un hemograma (recuentos de glóbulos
rojos, blancos y plaquetas) con velocidad de sedimentación
periódicamente, hasta que se normalicen.
También es necesario realizar ecocardiogramas seriados
para detectar la presencia de aneurismas coronarios, así
como para seguir su evolución. La frecuencia con que deberán
realizarse dependerá de la presencia y del tamaño
de los aneurismas. La mayoría de los aneurismas tienden
a mejorar y a desaparecer.
Los responsables del seguimiento de estos niños son el
pediatra, el cardiólogo y el reumatólogo infantil.
En algunos lugares donde no hay reumatólogo infantil, el
pediatra junto con el cardiólogo deberán hacerse
cargo del seguimiento de estos pacientes, en especial de los que
tienen afectación cardiaca.
¿Cuánto
tiempo dura la enfermedad?
La enfermedad de Kawasaki consta de tres etapas:
1) Aguda. Abarca las primeras 2 semanas de enfermedad, cuando
la fiebre y las demás manifestaciones clínicas están
presentes;
2) Subaguda. Comprende de la segunda a la cuarta semanas, y es
el período en el cual el número de plaquetas aumenta
y pueden aparecer los aneurismas;
3) Convalecencia. Se extiende entre el primer y tercer mes, cuando
todos los análisis retornan a valores normales y las alteraciones
de los vasos sanguíneos (aneurismas de las arterias coronarias)
desaparecen o disminuyen de tamaño.
¿Cuál
es su pronóstico?
La mayoría de los pacientes tienen un pronóstico
excelente y tendrán una vida, un crecimiento y un desarrollo
absolutamente normales.
El pronóstico de los pacientes con alteraciones coronarias
persistentes dependerá especialmente del desarrollo de
estenosis (reducción del diámetro del vaso sanguíneo)
u oclusiones (obstrucción) de los vasos por formación
de coágulos o trombos.
¿Cómo
afecta a las actividades cotidianas? ¿Se le puede vacunar?
¿Puede practicar deportes?
Se recomienda no vacunar a estos niños en los 6 meses siguientes
a la EK ya que tanto la propia enfermedad como, sobre todo, la
administración de gammaglobulina, afectan la respuesta
del sistema inmunológico del niño.
Los niños sin complicaciones cardiacas no tienen ningún
tipo de restricción física para la práctica
deportiva o para realizar cualquier otra actividad de la vida
diaria. Los niños con aneurismas coronarios, sin embargo,
deberán consultar al cardiólogo infantil acerca
de su participación en actividades deportivas de competición,
especialmente durante la adolescencia.

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