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DERMATOMIOSITIS JUVENIL
¿Qué
es?
La Dermatomiositis Juvenil (DMJ) es una enfermedad autoinmune.
Las enfermedades autoinmunes se producen por una respuesta anormal
de nuestro sistema de defensa (sistema inmune) que, sin que exista
ninguna infección, produce inflamación de algún
órgano del cuerpo. En la DMJ la inflamación ocurre
a nivel de los pequeños vasos sanguíneos de la piel
(“dermatitis”) y del músculo (“miositis”).
Ello produce característicamente erupciones cutáneas
en la cara, párpados, nudillos, rodillas o codos , así
como dolor o debilidad muscular, sobre todo a nivel de los hombros
y las caderas.
La enfermedad puede afectar a niños y a adultos. Se considera
que es la forma juvenil de dermatomiositis cuando los síntomas
se producen antes de los 16 años.
¿Cómo
es de frecuente?
La DMJ es una enfermedad rara en niños. Su incidencia anual
se calcula que es de 4 casos nuevos por cada 100.000 niños.
Es más frecuente en niñas, de manera que hay el
doble de niñas que de niños afectos. La edad más
frecuente para la aparición de la enfermedad es entre los
4 y los 10 años. No hay datos claros que sugieran que la
raza o la localización geográfica tengan ninguna
influencia en el desarrollo de DMJ.
La dermatomiositis también se produce en adultos, aunque
la presentación y curso de la enfermedad son distintos
de la forma juvenil. De hecho, y a diferencia de los adultos,
en niños la enfermedad nunca tiene relación con
el cáncer.
¿Cuál
es la causa de la enfermedad? ¿Es hereditaria? ¿Se
puede prevenir?
Como en la mayoría de enfermedades autoinmunes la causa
precisa de la DMJ es desconocida. Su origen es probablemente multifactorial,
esto es, que es la combinación de factores predisponentes
genéticos y ambientales la que produce un aumento de la
susceptibilidad a padecer la enfermedad. Por tanto no es una enfermedad
hereditaria.
La influencia de los factores genéticos en el desarrollo
de DMJ es limitada. Como mucho, y de manera ocasional, se han
descrito otras enfermedades autoinmunes en familiares de niños
con DMJ.
La relación entre factores ambientales y la DMJ ha sido
un tema muy investigado. Se piensa que, como en otras enfermedades
autoinmunes, el contacto con algunos microorganismos puede desencadenar
una respuesta anormal del sistema inmune.
Dado que no se conoce qué produce la enfermedad no se puede
realizar ninguna recomendación de tipo preventivo.
¿Es
contagiosa?
La DMJ no es una enfermedad contagiosa, dado que se produce por
una inflamación de origen autoinmune en ausencia de infecciones.
¿Cuáles
son los síntomas más habituales?
La debilidad muscular de la DMJ produce un cansancio que va cada
vez a más, asociado a una limitación progresiva
de la capacidad física y de la movilidad del paciente.
Los niños pueden referir la existencia de dolores musculares
y articulares importantes. De hecho, algunos llegan a desarrollar
inflamación articular (artritis) con hinchazón de
la articulación. La enfermedad de la piel puede preceder
o seguir a la enfermedad muscular en un intervalo de tiempo variable.
Consiste en la presencia de un sarpullido rojizo, a menudo con
una descamación fina, localizado característicamente
sobre algunas articulaciones, principalmente a nivel de los nudillos
y, en menor grado, rodillas, codos y tobillos (Pápulas
de Gottron).
También es frecuente que exista enrojecimiento facial con
hinchazón alrededor de los ojos (eritema periorbitario)
y sobre las mejillas (eritema malar), así como una coloración
violácea de los párpados superiores (heliotropo).
Estos eritemas es frecuente que empeoren después de la
exposición al sol (fotosensibilidad). Asimismo, la afectación
de la piel puede ser más extensa, afectando a otras partes
del cuerpo, y/o intensa, pudiendo aparecer incluso úlceras.
Los cambios que se producen a nivel de los vasos sanguíneos
superficiales pueden ser visibles, apareciendo como pequeños
puntos rojizos en el borde de las uñas y sobre los párpados.
Es característico que se afecten los músculos más
próximos al tronco (músculos proximales) de manera
simétrica (de forma parecida en un lado y en el otro),
junto con los músculos abdominales, de la espalda y del
cuello. En la práctica esta debilidad se traduce en que
al niño le cuesta cada vez más ir caminando al colegio
o practicar deportes. El equivalente de este síntoma en
niños pequeños es que el niño se vuelve muy
irritable, y exige que le lleven en brazos a todas partes. Según
progresa la enfermedad les cuesta mucho subir escaleras o incluso
salir de la cama. Los músculos inflamados tienden a acortarse
(contracturas) y los miembros tienden a mantenerse en flexión
(con los codos y las rodillas doblados), lo que puede producir
importantes consecuencias funcionales.
En enfermedades de muy larga evolución se puede depositar
calcio debajo de la piel, formando unos nódulos muy duros
que pueden abrirse y drenar un líquido de aspecto lechoso
(calcinosis). En los casos más graves se pueden afectar
prácticamente todos los músculos esqueléticos,
incluyendo aquellos implicados en la respiración, la deglución,
y la fonación; por tanto, la presencia de dificultad para
respirar o tos, dificultad para tragar, o de cambios en la voz
son síntomas de alarma.
También es frecuente que exista una alteración del
tracto digestivo, que se manifiesta como dolor abdominal de intensidad
variable o estreñimiento. Raramente puede existir una obstrucción
de los vasos sanguíneos que irrigan el intestino que puede
producir graves problemas digestivos.
¿Es
la enfermedad igual en todos los niños?
La enfermedad es muy variable, con un espectro que abarca desde
formas leves que apenas tienen ningún impacto en el día
a día del niño hasta formas muy graves e incapacitantes.
La afectación de los órganos también varía
de niño en niño. Hay casos en los que la afectación
muscular es mínima o inexistente y prácticamente
sólo tienen enfermedad cutánea, y casos en los que
sólo existe afectación muscular sin alteración
de la piel (polimiositis juvenil). También hay casos en
los que la enfermedad produce una grave afectación de la
piel, los músculos, el pulmón y el intestino.
¿Es
la enfermedad igual en niños y en adultos?
En adultos la dermatomiositis puede ser secundaria a tumores ocultos,
lo que nunca sucede en niños. La afectación del
músculo sin enfermedad de la piel (polimiositis) es frecuente
en adultos mientras que es excepcional en niños. Los adultos
también pueden tener unos marcadores de la enfermedad en
sangre que raramente están presentes en niños, lo
que sugiere que se trata de enfermedades distintas.
¿Cómo
se diagnostica? ¿Qué análisis o qué
pruebas son útiles?
El diagnóstico de DMJ se basa en la combinación
de las características clínicas de la afectación
cutánea y muscular comentadas anteriormente, y de las pruebas
de laboratorio. Al principio la enfermedad puede parecerse mucho
al Lupus Eritematoso Sistémico, a la Artritis Idiopática
Juvenil, a otras formas de vasculitis, o a miopatías congénitas;
se distingue de éstas, sin embargo, por sus diferentes
características clínicas y de laboratorio.
La gravedad de la afectación muscular se valora midiendo
la fuerza muscular en distintas partes del organismo. La afectación
de los pequeños vasos sanguíneos se puede apreciar
examinando los capilares del lecho de las uñas (capilaroscopia).
En la mayoría de los casos los músculos afectados
liberan a la circulación sanguínea sustancias que
habitualmente se mantienen dentro de los propios músculos,
y que pueden medirse en sangre mediante unos análisis determinados.
Las sustancias más importantes de todas ellas son unas
proteínas que se llaman enzimas musculares. Hay que tener
presente que en la sangre hay un conjunto similar de enzimas que
provienen del hígado; la combinación de los hallazgos
clínicos con algunas pruebas de laboratorio nos ayudan
a diferenciar si proceden del músculo o del hígado.
Además de los enzimas musculares hay otros análisis
más complejos que también ayudan al diagnóstico.
Los niños con DMJ tienen con frecuencia anticuerpos antinucleares
(ANA), aunque esta prueba no es específica de la enfermedad
y es positiva en otros procesos autoinmunes.
Los análisis se utilizan, además de para el diagnóstico,
para controlar la evolución de la enfermedad y del tratamiento
(ver más abajo).
Los cambios funcionales que se producen en los músculos
pueden medirse con unos electrodos especiales que se insertan
como agujas dentro de los músculos (electromiografía).
Cuando la enfermedad se presenta con sus características
típicas no suele ser necesario realizarla. La inflamación
muscular también puede verse utilizando Resonancia Magnética.
Los hallazgos de la biopsia muscular (extraer trocitos de músculo)
son muy importantes para confirmar el diagnóstico. Asimismo,
estos hallazgos también son importantes para las investigaciones
dirigidas a comprender mejor las bases de la enfermedad.
Existen más pruebas que se utilizan para detectar la implicación
de otros órganos, incluyendo la electrocardiografía
y el ecocardiograma para valorar la existencia de afectación
cardiaca, la radiografía de tórax, TAC o pruebas
de función respiratoria para valorar la afectación
pulmonar que, de manera excepcional, puede estar presente, o el
esofagograma con contraste para detectar la afectación
de los músculos faríngeos o esofágicos implicados
en la deglución.
¿Qué
importancia tienen los análisis?
En los casos típicos, aquellos con debilidad muscular proximal
significativa (afectación de los músculos de los
hombros y los muslos) y lesiones cutáneas características,
el diagnóstico se hace en base a criterios clínicos
exclusivamente. Los análisis se hacen para confirmar el
diagnóstico y vigilar la ausencia de efectos secundarios
producidos por el tratamiento.
La afectación muscular puede ser valorada mediante puntuaciones
obtenidas utilizando cuestionarios estandarizados, así
como por análisis que reflejan el grado de daño
muscular.
¿Tiene
tratamiento?
La DMJ tiene tratamiento. Este se basa en el empleo de medicación
dirigida a controlar el proceso inflamatorio hasta que la enfermedad
entra en remisión. El tratamiento debe ser individualizado
en cada niño en función de las características
de su propia enfermedad.
Si la enfermedad no se controla puede producir lesiones que, en
algunos niños, pueden ser irreversibles. Estas lesiones
pueden producir problemas muy duraderos, hasta una discapacidad
física que puede continuar aún cuando la enfermedad
haya desaparecido.
En muchos niños la fisioterapia y el apoyo psicológico
son elementos importantes del tratamiento.
¿Cuál
es su tratamiento?
Corticosteroides. Estos medicamentos son extraordinariamente útiles
para controlar la inflamación, independientemente de a
qué nivel se produzca. Pueden actuar rápidamente,
especialmente cuando se administran vía intravenosa; de
hecho son, de todos los antiinflamatorios disponibles, los que
actúan más rápidamente, lo que en ocasiones
puede salvar la vida a los pacientes. Desafortunadamente tienen
muchos efectos secundarios, por lo que en tratamientos de larga
duración se intenta controlar la inflamación utilizando
otras medicaciones. Sus efectos secundarios incluyen el aumento
del riesgo de infecciones, retraso del crecimiento, hipertensión,
y osteoporosis (fragilidad del hueso). Todos estos efectos indeseables
dependen de la dosis administrada; esto es, los esteroides producen
pocos problemas a dosis bajas pero los efectos secundarios se
hacen más frecuentes conforme se aumenta la dosis. Los
esteroides son unas sustancias necesarias para la vida que produce
de manera natural nuestro propio organismo; cuando se administran
como medicamento el cuerpo deja de producirlos, por lo que la
supresión brusca de la medicación puede tener graves
consecuencias, incluyendo la muerte. Por este motivo los corticoides
deben ser rebajados de forma progresiva y lentamente, de manera
que se permita al organismo volver a comenzar su propia producción.
El tratamiento con esteroides con frecuencia se combina con otros
medicamentos, como el metotrexato o la ciclosporina, para que
ayuden a mantener la enfermedad controlada y a reducir la dosis
de esteroides.
Metotrexato. Es una medicación que tarda de 6 a 8 semanas
en empezar a tener efecto y que generalmente se administra durante
periodos prolongados de tiempo. Su efecto secundario más
importante son las nauseas, aunque también puede producir
llagas en la boca, una moderada caída de cabello y problemas
hepáticos. Las alteraciones hepáticas suelen ser
leves, pero se pueden agravar mucho si se ingieren bebidas alcohólicas;
también puede tener efectos sobre el feto, por lo que no
se debe tomar durante el embarazo. En teoría puede aumentar
el riesgo de tener infecciones, aunque en la práctica sólo
se han observado complicaciones con la varicela.
Ciclosporina. Como el metotrexato se administra durante periodos
prolongados de tiempo. Sus efectos secundarios potenciales incluyen
la elevación de la tensión arterial, el aumento
del vello corporal, el aumento del tamaño de las encías
y problemas renales aunque, a las dosis que se utiliza normalmente,
es una medicina que se tolera habitualmente muy bien.
Otras opciones terapéuticas incluyen:
Gammaglobulina Intravenosa (GGIV). Contiene un concentrado de
los anticuerpos humanos presentes en la sangre que se administra
por vena. En algunos pacientes actúa sobre sus sistemas
inmunes de manera que produce una gran mejoría de la inflamación;
el mecanismo exacto de acción, sin embargo, es desconocido.
En la enfermedad resistente al tratamiento convencional puede
estar indicada la utilización de otros medicamentos como
la azatioprina o, en casos más graves, la ciclofosfamida.
La utilización de terapias más novedosas, como el
de las llamadas terapias biológicas, es todavía
experimental en pacientes con DMJ; como en otras enfermedades
autoinmunes, sin embargo, se espera que este tipo de terapias
pueda representar una aportación significativa al tratamiento
de la DMJ.
Fisioterapia. Los pacientes con DJM con frecuencia tienen debilidad
muscular y rigidez articular, por lo que no es de extrañar
que tengan una disminución de la movilidad y una escasa
forma física. Estos problemas pueden mejorar con sesiones
regulares de fisioterapia. El fisioterapeuta enseñará
al niño y a sus padres ejercicios de estiramiento, fortalecimiento
y acondicionamiento muscular que permitirán la recuperación
de la masa muscular y de la forma física; estos ejercicios
también permitirán que se mejore y mantenga una
adecuada movilidad de las articulaciones. Es muy importante que
los padres se involucren en este proceso para garantizar el cumplimiento
del programa de ejercicios prescrito.
¿Cuánto
tiempo debe durar el tratamiento?
La duración del tratamiento depende de las características
particulares de la enfermedad de cada niño. En algunos
niños la enfermedad es breve, mientras que en otros está
presente durante muchos años.
El objetivo del tratamiento es controlar la enfermedad, por lo
que la medicación sólo es interrumpida después
de que el niño esté asintomático durante
algún tiempo. La DMJ es una enfermedad particularmente
sensible al tratamiento, por lo que si se disminuye demasiado
rápidamente la cantidad de medicación que recibe
el niño se puede producir una reactivación de la
enfermedad.
¿Qué
papel tienen los tratamientos alternativos / no convencionales?
En la actualidad se ofertan múltiples tratamientos no convencionales
a los pacientes con enfermedades crónicas, por lo que es
necesario considerar cuidadosamente las consecuencias de las recomendaciones
sanitarias realizadas por personal no cualificado. Si desea utilizar
algún tratamiento alternativo por favor coménteselo
a su reumatólogo pediátrico. La mayoría de
los médicos no se opondrán, siempre y cuando se
sigan sus recomendaciones. Cuando se está tomando determinadas
medicinas para mantener la enfermedad controlada, como los corticosteroides,
es muy peligroso dejar de tomarlos de un día para otro
o de forma brusca.
¿Qué
tipo de revisiones y controles periódicos son necesarios?
Las revisiones periódicas son muy importantes para vigilar
la actividad de la enfermedad y la posible presencia de efectos
secundarios derivados del tratamiento. Por ello incluyen una exploración
física completa (la DMJ puede afectar a distintas partes
del organismo), la valoración de la fuerza muscular, y
la realización de análisis para evaluar la tolerancia
de la medicación. La fuerza muscular se valora de forma
objetiva, lo que permite controlar la evolución de la debilidad
muscular.
¿Cuál
es el pronóstico de la enfermedad?
Si la enfermedad se controla el pronóstico es muy favorable.
Al contrario de lo que sucede en adultos, en niños la enfermedad
no tiene ninguna relación con el cáncer. Existe
un riesgo muy bajo de fallecimiento en aquellos casos excepcionales
en que se producen complicaciones respiratorias, cardiacas, neurológicas
o digestivas durante la fase aguda de la enfermedad. El pronóstico
funcional depende sobremanera del desarrollo y extensión
de los depósitos subcutáneos de calcio (llamado
calcinosis), y de la gravedad de la afectación muscular,
que produce atrofia y contracturas musculares. La calcinosis se
produce en alrededor de un 10 a un 30% de todos los niños
con DMJ, y ninguno de los tratamientos empleados hasta la fecha
ha demostrado ser eficaz.
La enfermedad se clasifica en varios subtipos de acuerdo a su
evolución. Se define como DMJ monocíclica cuando
sólo existe un episodio de enfermedad, que remite antes
de que transcurran 2 años desde su inicio, y que no tiene
recaídas. Esta es la forma con mejor pronóstico.
La DMJ crónica policíclica se caracteriza por remisiones
prolongadas con una o más recaídas después
de suspender el tratamiento.
La enfermedad crónica activa se caracteriza por una enfermedad
activa crónicamente persistente a pesar del tratamiento.
Este grupo es el que tiene mayor riesgo de desarrollar complicaciones.

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