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LUPUS
ERITEMATOSO SISTÉMICO
¿Qué
es?
El Lupus Eritematoso Sistémico (LES) es una enfermedad
crónica autoinmune. Enfermedad crónica significa
que persiste en el tiempo, mientras que autoinmune indica que
se produce por una respuesta anormal de nuestro sistema inmune
en el que éste pierde su capacidad para diferenciar lo
“ajeno” de lo “propio”, y ataca a sus
propios órganos en lugar de proteger al organismo frente
a infecciones.
El nombre Lupus Eritematoso Sistémico data de principios
del siglo XX. El término “Lupus”, que significa
lobo en latín, se empleó porque la enfermedad produce
un exantema (erupción) característico en alas de
mariposa en la cara que evoca la cara del lobo. “Eritematoso”
quiere decir rojo en griego, y alude al enrojecimiento de las
lesiones de la piel. Por último “Sistémico”
hace referencia a que el LES tiende a afectar a diversos órganos
del cuerpo, especialmente a la piel, las articulaciones, la sangre
y los riñones.
¿Cómo
es de frecuente?
Es una enfermedad rara, de la que se diagnostican anualmente unos
5 casos por millón de niños. Su comienzo es poco
frecuente antes de la adolescencia, y excepcional antes de los
5 años de edad.
Se observa sobre todo en mujeres en edad fértil, entre
los 15 y los 45 años. En ese grupo de edad por cada hombre
que se diagnostica hay nueve mujeres con LES; antes de la pubertad
esta diferencia es menos significativa.
Es una enfermedad que existe en todo el mundo, aunque es más
frecuente en Indios Americanos, Asiáticos, Hispanoamericanos
y Negros.
¿Cuál
es la causa de la enfermedad?
La causa del LES no se conoce. Se sabe que es un proceso autoinmune,
en el que el sistema inmunológico pierde la capacidad de
diferenciar lo que es “propio” de lo que es “ajeno”
al individuo; o sea, el sistema inmune no reconoce sus componentes
y produce anticuerpos (defensas) contras sus propios órganos
(“auto-anticuerpos”) para eliminarlos, como si de
una infección se tratara. Como resultado se origina una
reacción inflamatoria en algunos órganos (articulaciones,
riñones, piel, etc.) que, de persistir en el tiempo, daña
a los tejidos y afecta su funcionamiento. Por ello, el objetivo
del tratamiento se dirige a controlar o reducir la inflamación.
Se piensa que esta respuesta inmune anormal es producida por la
combinación de un conjunto de factores hereditarios y por
la exposición a determinados factores ambientales. Una
vez que los factores de base están presentes pueden actuar
unos desencadenantes que sí son conocidos, como el desequilibrio
hormonal característico de la pubertad, la exposición
al sol, algunas infecciones víricas y ciertas medicaciones.
¿Es
una enfermedad hereditaria?
El LES no es una enfermedad hereditaria ya que no se transmite
directamente de padres a hijos. Sin embargo, los hijos sí
pueden heredar algún factor genético todavía
no caracterizado que puede predisponer a su desarrollo; ello quiere
decir que los hijos de un paciente con LES no están necesariamente
predestinados a tener la enfermedad, aunque pueden ser más
propensos a ello. Así, es excepcional que dos hermanos
tengan lupus, aunque no es tan raro que un niño con LES
tenga algún familiar con otra enfermedad autoinmune.
¿Porqué
ha tenido mi hijo la enfermedad? ¿Se puede prevenir?
Como ya se comentó, la causa exacta del proceso no se conoce,
estando aún sin determinar qué papel juegan lo genético
y lo ambiental.
La enfermedad no puede prevenirse, si bien es cierto que los niños
con LES deben evitar ciertas situaciones que favorecen su reactivación
(“brotes”), como son la exposición al sol sin
crema protectora, algunas infecciones víricas, tratamientos
hormonales y determinadas medicaciones.
¿Es
contagiosa?
El LES ni es contagioso ni se transmite de persona a persona como
pasa con las infecciones.
¿Cuáles
son los síntomas más habituales?
La enfermedad suele comenzar lentamente, de forma que van apareciendo
nuevos síntomas de forma progresiva durante un periodo
de semanas, meses e incluso años. Los síntomas iniciales
más frecuentes de LES en niños son molestias poco
específicas, como malestar y cansancio; también
es frecuente que tengan fiebre intermitente o persistente, pérdida
de peso o falta de apetito.
Con el tiempo es frecuente que se vayan presentando síntomas
específicos de la afectación de órganos concretos.
Así, la afectación de la piel y las mucosas se manifiesta
como distintos tipos de erupciones, fotosensibilidad (la exposición
al sol produce erupciones), o úlceras en la boca o en la
nariz. De un tercio a la mitad de los niños con LES presentan
el típico exantema en “alas de mariposa” sobre
el dorso de la nariz y las mejillas. En otras ocasiones, sin embargo,
lo que se produce es una caída exagerada del pelo (alopecia)
o un fenómeno de Raynaud, que consiste en que las manos
cambian de color (primero se ponen rojas, luego blancas y finalmente
azules) tras la exposición al frío.
La enfermedad puede producir otros síntomas como inflamación
y rigidez articular, dolor muscular, anemia, facilidad para tener
cardenales, dolor de cabeza, convulsiones o dolor torácico.
La afectación renal ocurre en mayor o menor grado en la
mayoría de los niños, y es uno de los principales
determinantes del pronóstico a largo plazo de la enfermedad;
cuando la afectación renal es grave puede aparecer hipertensión
arterial, sangre en la orina, y edemas (hinchazón) en pies,
piernas y párpados.
¿Es
la enfermedad igual en todos los niños?
Los síntomas de LES varían ampliamente de unos niños
a otros; cualquiera de los síntomas comentados puede estar
presente al inicio o aparecer durante la evolución de la
enfermedad.
¿Es
la enfermedad igual en niños y en adultos?
En general no hay grandes diferencias entre el LES de los niños
o adolescentes y el de los adultos, aunque algunos expertos opinan
que la enfermedad es más grave en la infancia.
¿Cómo
se diagnostica?
El diagnóstico se realiza basándose en una combinación
de síntomas (lo que refieren los pacientes, como dolor
articular), signos (lo que se puede objetivar, como exantemas),
y los resultados de los análisis.
También es necesario distinguir el LES de otras enfermedades.
Para ello la Asociación Americana de Reumatología
estableció unos “Criterios de Clasificación”,
que son 11 criterios que representan las anomalías más
frecuentemente producidas por el LES; se requiere la presencia,
en cualquier momento de la evolución de la enfermedad,
de al menos 4 de estos 11 criterios. Los especialistas con experiencia
en LES, sin embargo, pueden sospechar la enfermedad aún
cuando no estén presentes 4 de los siguientes criterios:
1) Exantema en alas de mariposa. Es una erupción rojiza
que cubre las mejillas y el puente de la nariz.
2) Fotosensibilidad. Es una reacción exagerada de la piel
a la exposición al sol. Normalmente sólo afecta
a las zonas expuestas, no alterando la piel cubierta por la ropa.
3) Lupus Discoide. Es un exantema descamativo, elevado, con forma
de moneda, que aparece en la cara, cuero cabelludo, orejas, pecho
o brazos. Cuando las lesiones se curan pueden dejar cicatrices.
Es más frecuente en sujetos de raza negra que en otros
grupos raciales.
4) Úlceras mucosas. Son pequeñas llagas que aparecen
en la boca o en la nariz. Normalmente no son dolorosas pero las
de la nariz pueden sangrar.
5) Artritis. Está presente en la mayoría de los
niños con LES y causa dolor e inflamación en las
manos, muñecas, codos, rodillas u otras articulaciones
de los brazos y las piernas. El dolor puede ser migratorio (“salta”
de una articulación a otra) o afectar a la misma articulación
de forma bilateral. La artritis del LES no suele producir deformidades
(cambios permanentes).
6) Pleuritis y Pericarditis. Consiste en la inflamación
de la membrana que envuelve a los pulmones (pleura) o al corazón
(pericardio), lo que origina que se acumule líquido alrededor
de estos órganos. Producen un dolor en el pecho que empeora
con la respiración.
7) Afectación Renal. El riñón suele estar
afectado en casi todos los niños con LES de manera muy
variable, desde formas muy leves a muy graves. Al comienzo no
suele provocar síntomas, por lo que sólo se detecta
en análisis de función renal realizados en sangre
u orina. Cuando el daño renal es importante aparece sangre
y proteínas en la orina así como, si no se trata,
retención de líquidos e hinchazón de los
pies y de las piernas.
8) Afectación del Sistema Nervioso Central. Puede dar lugar
a dolores de cabeza, convulsiones y manifestaciones neuro-psiquiátricas.
Las manifestaciones neuro-psiquiátricas del LES incluyen
déficit de concentración y de memoria, cambios de
humor, depresión, y psicosis (enfermedad mental grave en
la que se alteran tanto el pensamiento como la conducta).
9) Trastornos de las células de la sangre. Son producidos
por la acción de auto-anticuerpos sobre las distintas células
sanguíneas. La destrucción de los hematíes
o glóbulos rojos (cuya función es transportar oxígeno
desde los pulmones al resto del organismo) se llama hemólisis
o anemia hemolítica; su destrucción a veces es lenta
pero, cuando es muy rápida, puede representar una urgencia
médica.
La disminución de los leucocitos o glóbulos blancos
(leucopenia) generalmente no es peligrosa.
La disminución de las plaquetas (trombopenia) facilita
la aparición de cardenales así como, cuando es muy
intensa, de sangrados en diversas partes del cuerpo incluyendo
el tubo digestivo, el tracto urinario, el útero o el cerebro.
10) Alteraciones inmunológicas. Hace referencia a la presencia
de auto-anticuerpos en sangre, lo que es tan característico
de la enfermedad que sugiere que un paciente tiene LES.
a) Los anticuerpos anti-DNA nativo son auto-anticuerpos dirigidos
directamente contra el material genético de la célula
y son característicos del lupus (no están presentes
en ninguna otra enfermedad). Se determinan con cierta periodicidad
ya que sus niveles en sangre parecen relacionarse con la actividad
del LES (aumentan cuando está activo), por lo que ayudan
al médico a valorar el grado de actividad de la enfermedad.
b) Los anticuerpos anti-Sm se llaman así por la primera
paciente (“Smith”) en cuya sangre fueron detectados.
Se encuentran casi exclusivamente en el LES y con frecuencia ayudan
a confirmar el diagnóstico.
c) Los anticuerpos antifosfolípido se discuten en el Apéndice
1.
11) Anticuerpos antinucleares (ANA). Son auto-anticuerpos dirigidos
contra el núcleo de las células, y son positivos
en casi todos los pacientes con LES. Su sola presencia no es indicativa
de LES en absoluto, ya que también están presentes
en otras enfermedades y, a títulos bajos, hasta en un 5%
de niños sanos.
¿Qué
análisis o qué pruebas son útiles?
Los análisis ayudan tanto a hacer el diagnóstico
como a valorar que órganos están afectados. Los
análisis repetidos de sangre y orina permiten evaluar la
actividad y gravedad de la enfermedad, así como la ausencia
de efectos secundarios derivados del tratamiento. Habitualmente
se realizan:
1) Pruebas rutinarias. Indican la presencia de inflamación
en el organismo, así como la posible afectación
de algún órgano. La velocidad de sedimentación
globular (VSG) y la proteína C-reactiva (PCR) suelen elevarse
cuando existe inflamación. En el LES activo, sin embargo,
la VSG suele estar aumentada mientras que la PCR casi siempre
es normal; por ello una elevación de la PCR puede indicar
una complicación infecciosa. El recuento de las células
de la sangre puede revelar anemia o disminución del número
de leucocitos o de plaquetas.
La electroforesis de proteínas puede demostrar una elevación
de la gammaglobulina (indicativo de inflamación), o una
disminución de la albúmina (sugerente de afectación
renal).
La bioquímica sanguínea puede poner de manifiesto
la existencia de una alteración renal (aumento de la urea
y la creatinina, cambios en la concentración de los electrolitos),
anomalías de la función hepática, o inflamación
de los músculos (incremento de los enzimas musculares).
Los análisis de orina son muy útiles porque pueden
detectar la presencia de afectación renal (presencia de
sangre o proteínas en orina), tanto al diagnóstico
como durante el seguimiento de la enfermedad. Cuando la orina
presenta alteraciones es frecuente que se solicite recoger la
orina de 24 horas para realizar distintas pruebas de función
renal (cuantificación de proteínas, aclaramientos,
etc). Es recomendable realizar los análisis de orina a
intervalos regulares, incluso cuando el LES parece estar en remisión.
2)
Pruebas inmunológicas. Incluye la determinación
de los niveles de los distintos auto-anticuerpos discutidos en
la sección ¿Cómo se diagnostica? (ANA, anti-DNA
nativo y anti-Sm) y en el Apéndice 1 (anticuerpos antifosfolípido).
Otro estudio inmunológico utilizado frecuentemente es la
determinación del Complemento, que es un grupo de proteínas
que participan en la respuesta inflamatoria e inmunológica
(tienen la capacidad de destruir células y bacterias).
Algunas de las proteínas del complemento (C3 y C4) se consumen
en las reacciones inmunes, por lo que una disminución de
sus niveles puede indicar que la enfermedad está activa,
especialmente si existe afectación renal.
Hay
otras pruebas que permiten determinar a qué órganos
está afectando la enfermedad. Así, la función
cardiaca y pulmonar se pueden valorar mediante radiografías
de tórax, electro o ecocardiogramas, o pruebas de función
respiratoria. La afectación del Sistema Nervioso Central
se puede poner de manifiesto mediante electroencefalografía
(EEG), resonancia magnética (RM) o gammagrafía cerebral.
Una prueba particularmente útil en el LES es la realización
de una biopsia del órgano o tejido afecto. La biopsia consiste
en la obtención de una pequeña cantidad del tejido
a estudiar, siendo muy utilizadas en el LES las de riñón
y piel. La biopsia renal da una información muy valiosa
sobre el tipo, grado y tiempo de evolución de las lesiones,
siendo además de gran ayuda a la hora de determinar el
tratamiento a seguir. La biopsia de piel permite hacer el diagnóstico
de vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos)
cutánea y de lupus discoide, así como a diferenciar
entre las distintas lesiones de piel que pueden presentar estos
pacientes. En ocasiones se necesita hacer biopsias de otros órganos
para clarificar la causa de su alteración.
¿Tiene
tratamiento?
En el momento actual el LES es una enfermedad perfectamente tratable
aunque no tenga cura. El objetivo del tratamiento es tanto controlar
los síntomas (dolor) y signos (artritis) de la enfermedad
como prevenir sus complicaciones.
En general la actividad de la enfermedad en el momento del diagnóstico
es muy elevada, por lo que se requieren dosis altas de medicación
para suprimir la actividad y prevenir el daño orgánico;
en muchos niños la enfermedad entra en remisión,
por lo que apenas es necesario que tomen alguna medicación
o incluso se puede suspender el tratamiento.
¿Cuál
es su tratamiento?
La mayor parte de los síntomas se deben a la inflamación,
por lo que el objetivo del tratamiento es eliminarla. Hay cuatro
grupos de fármacos casi universalmente aceptados para tratar
el LES.
Antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Se utilizan para tratar
el dolor producido por la artritis. Generalmente se usan durante
cortos periodos de tiempo, disminuyendo la dosis en cuanto mejora
la artritis. Entre los múltiples AINE disponibles se incluye
la aspirina, que hoy en día raramente se utiliza como antiinflamatorio;
su principal papel en el tratamiento del LES es como anti-agregante
plaquetario, esto es, para evitar la formación de trombos
(coágulos) en niños con niveles elevados de anticuerpos
antifosfolípido.
Antipalúdicos. Este grupo de medicamentos, al que pertenece
la hidroxicloroquina, es muy eficaz en el tratamiento de los exantemas
cutáneos por sensibilidad al sol, así como en el
lupus discoide y en algunos tipos de lupus cutáneo subagudo;
sus efectos, sin embargo, pueden no aparecer hasta meses después
de iniciar el tratamiento. No existe relación conocida
entre el LES y el paludismo.
Corticosteroides. A este grupo pertenecen la prednisona y la prednisolona.
Constituyen la base del tratamiento del LES ya que reducen la
inflamación y suprimen la actividad del sistema inmune.
Poco después de comenzar el tratamiento con estos fármacos
los niños experimentan una clara mejoría, aunque
suele ser necesario administrarlos a diario durante varias semanas
o meses para conseguir controlar la enfermedad; la mayoría
de los niños, de hecho, los toman durante años.
La dosis y la frecuencia con que se administran dependen de la
gravedad de la enfermedad y de los órganos afectados; en
general se usan dosis altas orales o intravenosas para el tratamiento
de la anemia hemolítica grave, la afectación del
sistema nervioso central y la afectación renal grave. Una
vez que las manifestaciones iniciales del LES están bajo
control los corticosteroides se reducen a la dosis más
baja posible que mantenga la enfermedad controlada. La reducción
de la dosis de corticosteroides debe ser gradual, asegurando mediante
controles clínicos y analíticos frecuentes que la
enfermedad se mantiene inactiva.
En ocasiones los adolescentes pueden estar tentados a modificar
las dosis de corticosteroides o a dejar de tomarlos porque están
hartos de sus efectos secundarios o porque se sienten mejor o
peor. Es importante que tanto ellos como sus padres conozcan cómo
actúan y que sepan que su modificación o supresión
sin supervisión médica puede resultar peligrosa.
Así, es necesario que entiendan que los corticosteroides
son necesarios para la vida y que por ello el organismo fabrica
los suyos propios (cortisona); al poco tiempo de comenzar el tratamiento
las glándulas suprarrenales dejan de producirlos por lo
que, si se interrumpe su suministro bruscamente, el organismo
no tiene capacidad para fabricarlos en cantidad suficiente durante
un tiempo. El resultado puede ser una carencia potencialmente
mortal de corticosteroides, llamada insuficiencia suprarrenal.
Por otro lado, una disminución rápida de la dosis
puede favorecer un brote de actividad del propio LES.
Inmunosupresores. Estos fármacos, entre los que se incluye
la azatioprina y la ciclofosfamida, suprimen la inflamación
y disminuyen la respuesta inmunológica. No sustituyen a
los corticosteroides ya que actúan de manera diferente.
De hecho, se usan cuando los corticosteroides no pueden controlar
la enfermedad o producen demasiados efectos secundarios, o bien
cuando se piensa que combinados con corticosteroides van a tratar
más eficazmente la enfermedad.
La ciclofosfamida y la azatioprina se pueden administrar vía
oral, y normalmente no se utilizan juntas. En niños con
formas graves de LES, o con afectación renal importante,
se usan pulsos de ciclofosfamida intravenosa; esta terapia consiste
en administrar dosis altas de ciclofosfamida (10 ó 15 veces
mayores que la dosis oral diaria) vía intravenosa una sola
vez al mes, lo que resulta en la administración de una
dosis total mensual más baja y, por tanto, menos efectos
secundarios. El tratamiento se realiza de forma ambulatoria o
mediante ingresos hospitalarios cortos.
Terapia Biológica. Son agentes que bloquean la producción
de auto-anticuerpos o impiden el efecto de una molécula
específica. Su uso en pacientes con LES todavía
es experimental y sólo se administran en protocolos de
investigación.
Las
investigaciones que se están llevando a cabo en el campo
de las enfermedades autoinmunes en general, y del LES en particular,
son muy intensas. El objetivo de las mismas es conocer cuáles
son los mecanismos responsables de la inflamación y de
la autoinmunidad, para así poder actuar sobre los mismos
sin afectar al resto del sistema inmune. En la actualidad se están
llevando a cabo varios ensayos clínicos con nuevos fármacos
para el tratamiento del LES, lo que sin duda repercutirá
en un mejor tratamiento y comprensión de los mecanismos
implicados en el LES pediátrico. Gracias a este tipo de
estudios el futuro de los niños con LES será cada
vez mejor.
¿Cuáles
son los efectos secundarios del tratamiento?
Las medicaciones empleadas son muy efectivas aunque pueden producir
efectos secundarios (discutidos más ampliamente en el capítulo
“Efectos secundarios del tratamiento farmacológico”).
Los AINE pueden producir dolor de estómago (por lo que
deben tomarse con comida), facilidad para tener cardenales y,
rara vez, alteración de la función renal o hepática.
Los antipalúdicos pueden afectar la retina, por lo que
los pacientes que siguen este tratamiento deben ser controlados
periódicamente por un oftalmólogo.
Los corticosteroides pueden producir múltiples efectos
secundarios a corto y largo plazo; la probabilidad de que esto
suceda aumenta cuando se usan a dosis altas o durante periodos
prolongados de tiempo. Los efectos adversos más importantes
son:
(1) Cambios en la imagen corporal. Incluye ganancia de peso, mejillas
prominentes, aumento del vello corporal, estrías cutáneas,
acné y facilidad para que salgan cardenales. La ganancia
de peso se puede controlar utilizando una dieta baja en calorías
y realizando ejercicio físico.
(2) Aumento del riesgo de tener infecciones, especialmente tuberculosis
y varicela; por ello se recomienda que los familiares de los niños
que reciben corticosteroides y hayan estado expuestos a alguien
con varicela consulten inmediatamente a su médico, de manera
que se les pueda administrar gammaglobulina (defensas) contra
la enfermedad.
(3) Problemas gástricos como dispepsia (malestar) o dolor
de estómago, que a veces requieren tratamiento con medicinas
que disminuyen la acidez del estómago.
(4) Hipertensión arterial.
(5) Debilidad muscular, con dificultad para subir escaleras o
para levantarse de una silla.
(6) Alteraciones del metabolismo de la glucosa, sobre todo si
existe una predisposición genética para tener diabetes.
(7) Depresión y cambios de humor (pasan enseguida de estar
muy alegres a estar muy tristes).
(8)
PROBLEMAS OCULARES, INCLUYENDO CATARATAS (OPACIDAD DEL CRISTALINO)
Y GLAUCOMA (AUMENTO DE LA PRESIÓN INTRAOCULAR).
(9) Disminución de la densidad del hueso (osteoporosis),
que puede ser menos intensa si se realiza ejercicio, se consumen
alimentos ricos en calcio, y se reciben suplementos de calcio
y vitamina D. Estas medidas preventivas se deben iniciar tan pronto
como se administran dosis altas de corticosteroides.
(10) Supresión del crecimiento.
La mayoría de estos efectos secundarios revierten al disminuir
o suspender la medicación.
Los inmunosupresores también pueden producir efectos secundarios
potencialmente graves, por lo que los pacientes que reciben estas
medicaciones deben ser controlados muy estrechamente.
¿Cuánto
tiempo debe durar el tratamiento?
Tanto como dure la enfermedad. En general, casi todo el mundo
está de acuerdo en que es muy difícil suspender
los corticosteroides durante los primeros años de la enfermedad;
también se piensa que el tratamiento mantenido con pequeñas
dosis de corticosteroides disminuye la frecuencia de los brotes
y ayuda a mantener la enfermedad controlada a largo plazo. De
hecho, muchos pacientes prefieren recibir pequeñas dosis
de corticosteroides que arriesgarse a sufrir brotes de la enfermedad.
¿Qué
papel tienen los tratamientos alternativos / no convencionales?
El LES no tiene curación mágica. En la actualidad
se ofertan múltiples tratamientos no convencionales a los
pacientes con enfermedades crónicas, por lo que es necesario
considerar cuidadosamente las consecuencias de las recomendaciones
sanitarias realizadas por personal no cualificado. Si desea utilizar
algún tratamiento alternativo coménteselo a su reumatólogo
pediátrico, la mayoría de los médicos no
se opondrán, siempre y cuando usted siga sus recomendaciones.
El problema es que muchas terapias no convencionales requieren
la interrupción de la medicación habitual para “limpiar
el cuerpo”. Cuando se toman determinadas medicinas para
controlar la enfermedad, como los corticosteroides, es muy peligroso
dejar de tomarlos de un día para otro o de forma brusca
(discutido en el apartado ¿Cuál es su tratamiento?).
¿Qué
tipo de revisiones y controles periódicos son necesarios?
Las revisiones son importantes porque permiten detectar problemas
asociados a la enfermedad o efectos secundarios de la medicación
de manera precoz facilitando su tratamiento; por ello las revisiones
deben programarse con mucha frecuencia, al menos hasta tener la
enfermedad bajo control. Durante estas revisiones se debe tomar
la tensión arterial y realizar los análisis de sangre
y de orina comentados anteriormente. En aquellos niños
que reciben inmunosupresores los análisis periódicos
son obligatorios para confirmar que no existen descensos significativos
de las células sanguíneas.
Lo ideal es que sea un único reumatólogo pediátrico
quien supervise a cada paciente con LES. Ello no es un obstáculo
para que en cada momento, y según qué órgano
pueda estar afectado, se consulte a otros especialistas pediátricos,
incluyendo los de la piel (dermatólogos), la sangre (hematólogos)
o el riñón (nefrólogos). También se
puede contar con la participación de otros profesionales,
como trabajadores sociales, psicólogos, especialistas en
nutrición, etc. para el mejor cuidado de los niños
con LES.
¿Cuánto
tiempo dura la enfermedad?
El LES se caracteriza por tener un curso prolongado que, a través
de los años, presenta periodos de actividad (brotes) y
de inactividad (remisión). Se pueden producir brotes de
la enfermedad en cualquier momento, tanto sin causa aparente como
en respuesta a una infección o a algún otro hecho;
asimismo, el LES también puede presentar remisiones espontáneas.
Por ello, es imposible predecir cuánto tiempo durará
un brote o durante cuánto tiempo estará el paciente
en remisión.
¿Cuál
es el pronóstico de la enfermedad?
El pronóstico del LES ha mejorado de manera muy significativa
con el uso precoz y juicioso de los corticosteroides y de los
inmunosupresores. A pesar de que se trata de una enfermedad grave,
con complicaciones potencialmente mortales y que puede seguir
activa durante la adolescencia y la vida adulta, muchos niños
con LES pediátrico evolucionarán de manera muy satisfactoria.
El pronóstico depende del daño que se produzca en
los órganos afectados; por ello los niños con afectación
renal o del sistema nervioso central precisan un tratamiento mucho
más agresivo que aquellos cuya enfermedad se limita a la
piel o a las articulaciones y que, en general, se controlan con
mayor facilidad. El pronóstico de un paciente determinado,
sin embargo, es impredecible.
¿Tiene
cura?
Aunque ya se ha comentado que el LES es una enfermedad crónica
e imprevisible, es posible que la gran mayoría de los pacientes
alcancen la remisión si la enfermedad se diagnostica precozmente
y reciben el tratamiento adecuado. Estos pacientes, sin embargo,
necesitan seguir controles médicos y continuar tomando
medicación durante muchos años, hasta el punto de
seguir siendo controlados por especialistas de adultos una vez
que sobrepasan la edad pediátrica.
¿Cómo
afecta la enfermedad a las actividades cotidianas y al resto de
la familia?
Los niños con LES pueden tener una vida razonablemente
normal siempre y cuando reciban el tratamiento adecuado y eviten
una exposición excesiva al sol que pueda reactivar la enfermedad.
Por ello, los niños con LES no deben ir a la playa durante
el día o tomar el sol en la piscina.
Es importante que sean los propios pacientes quienes progresivamente
se vayan responsabilizando de su tratamiento, lo que se puede
hacer a partir de los 10 años.
Tanto los pacientes como sus padres deben estar al tanto de los
síntomas que puede producir la enfermedad para identificar
un posible brote de actividad. Los pacientes también deben
saber que ciertos síntomas, como el cansancio o la falta
de ánimo, pueden persistir meses después de un brote,
por lo que conviene que se incorporen lo más rápido
posible a sus actividades habituales.
¿Puede
ir al colegio?
Los niños con LES deben ir al colegio a diario, siempre
y cuando no se encuentren en un periodo de gran actividad de la
enfermedad. Si no existe afectación del sistema nervioso
central el LES no altera la capacidad de aprendizaje. Por el contrario,
cuando existen manifestaciones neuro-psiquiátricas los
pacientes pueden tener dificultad para concentrarse y memorizar,
dolor de cabeza o cambios de humor persistentes; en estos casos
es necesario realizar un plan específico de educación
para cada paciente.
En general los niños deben ser animados a participar en
actividades extraescolares tan pronto como la enfermedad lo permita.
¿Puede
practicar deportes?
En general no es ni necesario ni conveniente restringir la práctica
de las actividades deportivas normales. Es más, siempre
es recomendable que el niño haga ejercicio de forma regular
en cuanto sea capaz de ello, favoreciendo la realización
de actividades aeróbicas como caminar, nadar, y montar
en bicicleta; por otro lado, parece sensato evitar que realicen
ejercicios físicos extenuantes. Como regla general se considera
que las restricciones las debe marcar el propio paciente.
¿Puede
la dieta influir en el curso de la enfermedad?
Ninguna dieta puede curar el LES. Como regla general se debe recomendar
una dieta sana y equilibrada. En pacientes que reciben corticosteroides
se recomienda que sigan una dieta baja en sal, ya que disminuye
el riesgo de hipertensión arterial, y con poco azúcar,
para reducir el riesgo de diabetes y un excesivo aumento de peso.
Los suplementos de calcio y vitamina D pueden ayudar a prevenir
o a reducir la osteoporosis inducida por el tratamiento; el resto
de suplementos vitamínicos no ha demostrado ninguna utilidad
en niños con LES.
¿Puede
el clima influir en el curso de la enfermedad?
Es bien conocido que la exposición al sol puede producir
lesiones cutáneas en pacientes con LES, y hasta desencadenar
brotes de la enfermedad. Por ello se recomienda aplicar una crema
con un elevado factor de protección solar en las zonas
expuestas, teniendo en cuenta la necesidad de aplicarla al menos
30 minutos antes de salir a la calle, y de reaplicar la crema
cada 3 horas los días soleados; aunque algunos preparados
son resistentes al agua, se aconseja volver a aplicar la crema
después de cada baño. También es conveniente
utilizar ropa que proteja del sol, como blusas o camisas de manga
larga y sombreros de ala ancha; esta protección se debe
utilizar incluso en días nublados, ya que los rayos ultravioleta
(UV) traspasan las nubes. Algunos niños con LES tienen
problemas después de estar expuestos a la luz ultravioleta
de los fluorescentes, de las luces halógenas, o de los
monitores de los ordenadores, por lo que puede resultar útil
colocar un filtro UV en la pantalla del ordenador.
¿Se le puede vacunar?
Los pacientes con LES tienen más riesgo de infecciones
que el resto de la población, por lo que se pueden beneficiar
mucho de la protección derivada de las vacunaciones. Se
puede mantener el calendario habitual de vacunas con algunas excepciones:
- Los niños no deben ser vacunados mientras la enfermedad
esté muy activa.
- Los niños que reciben inmunosupresores o corticosteroides
no deben ser vacunados con preparados que contengan virus vivos
atenuados (sarampión, paperas, rubeola, varicela y vacuna
oral de la poliomielitis), estando contraindicada la vacuna oral
contra la polio en otros familiares o convivientes de los niños
que siguen estos tratamientos.
- Se recomienda vacunar contra el S pneumoniae por la posibilidad
de que se produzca una asplenia funcional.
¿Cómo
afecta a su sexualidad? ¿Puede tener complicaciones durante
el embarazo?
Muchas mujeres con LES tienen embarazos normales e hijos sanos.
El momento ideal para el embarazo es cuando la enfermedad está
en remisión y la paciente sólo recibe pequeñas
dosis de corticosteroides, ya que hay que recordar que otros fármacos
pueden perjudicar al feto.
El LES, por otro lado, puede producir distintos problemas durante
el embarazo, unos debidos a la propia enfermedad y otros a la
medicación que estas pacientes deben tomar. Las pacientes
con anticuerpos antifosfolípido (ver Apéndice 1)
son las más propensas a tener problemas durante la gestación,
aunque el LES también puede asociarse a abortos, partos
prematuros y al llamado lupus neonatal (discutido en el Apéndice
2).
El propio embarazo puede empeorar los síntomas de la enfermedad
o producir un brote, por lo que es recomendable que las mujeres
con LES sean controladas por un ginecólogo familiarizado
con los embarazos de alto riesgo y que trabaje de manera coordinada
con un reumatólogo.
Los métodos anticonceptivos más recomendables son
los de barrera (preservativos o diafragmas) combinados o no con
cremas espermicidas, ya que las píldoras anticonceptivas
contienen estrógenos que pueden aumentar el riesgo de tener
brotes de la enfermedad.
APÉNDICE
1
ANTICUERPOS
ANTIFOSFOLÍPIDO
Los fosfolípidos son moléculas esenciales para la
formación de las membranas celulares que protegen a las
células de su entorno. Los anticuerpos antifosfolípido
son auto-anticuerpos producidos por el organismo contra sus propios
fosfolípidos o contra las proteínas que se unen
a los fosfolípidos; los dos más conocidos son los
anticuerpos anticardiolipina y el anticoagulante lúpico.
Estos auto-anticuerpos están presentes en el 50% de los
niños con LES, aunque también se detectan en otras
enfermedades autoinmunes, en algunas infecciones, y en un pequeño
porcentaje de niños por lo demás sanos.
Los anticuerpos antifosfolípido aumentan la coagulabilidad
de la sangre en los vasos sanguíneos, y se pueden asociar
a distintos procesos como trombosis (formación de coágulos)
arteriales y/o venosas, trombopenia (bajo recuento de plaquetas),
migrañas, convulsiones, o manchas violáceas en forma
de red de la piel (livedo reticularis). Hay localizaciones en
las que resulta particularmente frecuente que se formen trombos,
como el cerebro, lo que puede producir un ictus (apoplejía),
las venas de las piernas y los riñones. A pesar de ello,
la mayoría de los niños con anticuerpos antifosfolípido
nunca han tenido una trombosis.
Estos anticuerpos también tienen muchos efectos sobre el
embarazo, desde dificultar que la mujer quede embarazada hasta
interferir con la función de la placenta produciendo abortos
espontáneos, escaso crecimiento fetal, preeclampsia (hipertensión
arterial durante la gestación), y muerte fetal.
En la actualidad se está investigando cuál es el
mejor tratamiento preventivo de esta entidad. Sin embargo, y a
pesar de que la mayor parte de los niños con estos anticuerpos
nunca tendrán trombosis, la mayoría de los pacientes
con anticuerpos antifosfolípido y una enfermedad autoinmune
reciben aspirina a dosis bajas para prevenir su desarrollo. La
aspirina es un antiagregante plaquetario que, al reducir la adhesión
de las plaquetas entre sí, interfiere con la capacidad
de la sangre para formar coágulos.
Otras medidas complementarias en adolescentes con LES y anticuerpos
antifosfolípido incluyen evitar los riesgos adicionales
de trombosis que representan fumar o utilizar píldoras
anticonceptivas.
El nombre “Síndrome Antifosfolípido”
se aplica al cuadro clínico que cursa con trombosis y anticuerpos
antifosfolípido positivos. Una vez que se produce una trombosis
el tratamiento consiste en administrar un anticoagulante oral,
la warfarina, que se toma todos los días y que precisa
de controles de sangre frecuentes para confirmar que se mantiene
el grado de anticoagulación deseado. La duración
de la anticoagulación depende de la gravedad de la enfermedad
y del tipo de coágulo.
Las mujeres con anticuerpos antifosfolípido y abortos de
repetición deben ser tratadas, en caso de embarazo, con
aspirina y un tipo de heparina que se inyecta subcutáneamente
a diario, ya que la warfarina puede producir anomalías
congénitas. Con este régimen terapéutico
y un riguroso control obstétrico, alrededor del 80% de
estas mujeres terminarán su embarazo sin complicaciones.
APÉNDICE
2
LUPUS
NEONATAL
El lupus neonatal es una enfermedad muy rara del feto y del recién
nacido que se adquiere por el paso a través de la placenta
de unos auto-anticuerpos maternos. Los auto-anticuerpos asociados
al lupus neonatal son los anti-Ro y los anti-La, los cuales se
encuentran en, aproximadamente, un tercio de las pacientes con
LES. Sin embargo, al igual que muchas madres con estos auto-anticuerpos
tienen hijos sin lupus neonatal, esta enfermedad puede ocurrir
en recién nacidos de madres que no padecen LES.
El lupus neonatal es diferente del lupus eritematoso sistémico.
En la mayoría de los casos las manifestaciones clínicas
desaparecen espontáneamente entre los 3 y los 6 meses de
vida sin dejar ningún tipo de secuela.
El síntoma más frecuente es la aparición
de una erupción a los pocos días o semanas del nacimiento,
especialmente tras la exposición al sol, que es transitoria,
y cura sin producir cicatrices.
El segundo síntoma más habitual es un recuento anormal
de células sanguíneas, generalmente leve y que tiende
a solucionarse sin tratamiento en varias semanas.
Por último comentar la anomalía conocida como bloqueo
cardiaco congénito, que es muy rara. En esta entidad el
pulso del niño es bajo, por lo que ya se puede diagnosticar
mediante ecografía cardiaca fetal entre las 15 y las 25
semanas de embarazo. A diferencia de las manifestaciones anteriores,
esta complicación es permanente. En casos muy contados
se puede tratar dentro del útero, aunque la gran mayoría
de los pacientes necesitan la colocación de un marcapasos
después del nacimiento. Si una mujer ha tenido un hijo
con un bloqueo cardiaco congénito tiene un riesgo del 10
al 15% de tener otro hijo con el mismo problema.
Finalmente, los niños con lupus neonatal crecen y se desarrollan
con normalidad, siendo bajísimas las posibilidades de que
padezcan un LES a lo largo de su vida.

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