| FIEBRE
MEDITERRÁNEA FAMILIAR
¿Qué
es?
La Fiebre Mediterránea Familiar (FMF) es una enfermedad
genética caracterizada por episodios recurrentes de fiebre
que se pueden acompañar de dolor abdominal y torácico,
así como de dolor e inflamación articular. Afecta
generalmente a sujetos con ancestros originarios de la cuenca
del Mediterráneo y de Oriente Medio, incluyendo a judíos
(especialmente sefardíes), turcos, árabes y armenios.
¿Cómo
es de frecuente?
La frecuencia de la enfermedad en poblaciones de alto riesgo es
de alrededor de 1 a 3 pacientes por 1.000 individuos, considerándose
una enfermedad rara en otras poblaciones. Desde que se ha descubierto
el gen responsable de la enfermedad, sin embargo, la FMF está
siendo diagnosticada cada vez con mayor frecuencia, incluso en
poblaciones en las que se pensaba que era muy rara, como italianos,
griegos y americanos.
La enfermedad comienza durante la primera década de la
vida en más del 50% de los pacientes, y antes de cumplir
los 20 años en alrededor del 90%. La FMF es algo más
frecuente en varones que en mujeres (1,3:1).
¿Cuál
es la causa de la enfermedad?
La FMF es una enfermedad genética. El gen responsable de
la FMF, denominado MEFV, contiene la información necesaria
para producir una proteína que participa en el control
de la inflamación. Si este gen tiene una mutación
(alteración de su estructura), como sucede en la FMF, esta
regulación no puede ser llevada a cabo correctamente, y
los pacientes sufren episodios recurrentes de fiebre elevada.
En la actualidad se están realizando investigaciones sobre
otros genes que podrían estar implicados en la enfermedad
o en su tratamiento.
¿Es
una enfermedad hereditaria?
Sí. La FMF se hereda de manera autosómica (no ligada
al sexo) recesiva. Esta herencia implica que para que se produzca
la FMF tiene que haber mutaciones en las 2 copias del gen MEFV
del paciente, tanto en la que procede de la madre como en la que
hereda del padre. Dado que la presencia de mutaciones en una sola
copia no produce síntomas, los padres pueden ser “portadores”
de la enfermedad, esto es, pueden transmitir la FMF sin padecerla.
Por ello la familiaridad de la enfermedad puede manifestarse no
tanto en familiares próximos (padres, hermanos o abuelos)
como en primos, tíos o parientes lejanos. Por otro lado,
si uno de los padres tiene FMF y el otro es un portador, hay un
50% de posibilidades de que su hijo tenga la enfermedad.
¿Por
qué ha tenido mi hijo la enfermedad? ¿Se puede prevenir?
Su hijo tiene la enfermedad porque sus dos copias del gen MEFV
tienen mutaciones, siendo la única prevención posible
evitar que esto suceda. Por ello es importante saber que la consanguinidad
multiplica las probabilidades de que tanto el padre como la madre
sean portadores; de hecho, en aproximadamente la cuarta parte
de los pacientes los padres descienden de los mismos ancestros.
¿Es
contagiosa?
No, la FMF no es una enfermedad contagiosa.
¿Cuáles
son los síntomas más habituales?
El principal síntoma de la enfermedad es la fiebre recurrente,
acompañada de dolor abdominal, torácico o articular.
Un 90% de los pacientes presentan dolor abdominal, un 20-40% dolor
torácico, y un 50-60% dolor articular.
El tipo de episodio más frecuente en niños consiste
en brotes recurrentes de dolor abdominal y fiebre, aunque también
pueden presentar sólo uno de los cuatro componentes en
cada brote, o presentar cualquier combinación de síntomas
(dolor abdominal y torácico sin fiebre ni dolor articular,
o dolor torácico y articular sin dolor abdominal ni fiebre).
Los episodios son autolimitados (desaparecen solos), y duran de
1 a 4 días. Los pacientes se recuperan completamente al
final de cada episodio, encontrándose totalmente normales
entre los mismos.
Otra característica de los episodios de FMF es su gran
variabilidad, incluso en un mismo niño, tanto en los síntomas
presentes como en la intensidad de los mismos. Así, la
fiebre oscila en los distintos brotes entre picos muy altos y
apenas algunas décimas. Algunas crisis pueden ser tan dolorosas
como para solicitar atención médica, habiéndose
descrito episodios de dolor abdominal de tal intensidad que simulaban
una apendicitis, por la que incluso han llegado a ser operados
innecesariamente. Sin embargo, otros episodios pueden acompañarse
sólo de molestias abdominales tan leves que pueden pasar
desapercibidas, incluso en niños en quienes un episodio
previo simuló una apendicitis. Es frecuente que durante
las crisis de dolor abdominal se produzca un estreñimiento
que se sigue, según va desapareciendo el dolor, de deposiciones
blandas.
Por lo que respecta al dolor torácico éste suele
ser unilateral y de intensidad variable, llegando en ocasiones
a dificultar la respiración; como los demás síntomas,
desaparece en pocos días sin dejar secuelas.
En lo referente a la afectación articular lo habitual es
que en cada episodio sólo se afecte una articulación
(monoartritis), casi siempre el tobillo o la rodilla; estas articulaciones
pueden estar tan inflamadas y dolorosas como para impedir que
el niño camine. En alrededor de un tercio de los pacientes
se produce una erupción rojiza sobre las articulaciones
implicadas. La afectación articular suele tener una duración
algo más prolongada que el resto de las manifestaciones
de la enfermedad –de 4 días a 2 semanas– hasta
que se resuelve completamente. La artritis recurrente puede constituir
el único síntoma de la FMF, por lo que se puede
confundir con otras enfermedades reumáticas. En un 5-10%
de los casos la afectación articular se hace crónica
y produce cambios irreversibles.
La FMF puede producir una erupción característica
en los miembros inferiores y sobre las articulaciones llamada
eritema erisipeloide (muy parecido al producido por la erisipela).
Excepcionalmente la enfermedad puede producir otros síntomas
recurrentes, incluyendo inflamación de la membrana que
rodea el corazón (pericarditis), de los músculos
(miositis), de las membranas que cubren el cerebro (meningitis)
y del testículo (orquitis).
Asimismo, hay vasculitis (enfermedades caracterizadas por inflamación
de los vasos sanguíneos) como la púrpura de Schönlein-Henoch
y la Poliarteritis Nodosa que se describen con mayor frecuencia
en niños con FMF.
La complicación más importante de la FMF, el desarrollo
de amiloidosis, se produce en los pacientes no tratados. La sustancia
amiloide es una proteína especial que se deposita en ciertos
órganos (riñones, hígado, intestino, piel,
y corazón) causando una pérdida progresiva de su
función, especialmente de la de los riñones. La
amiloidosis no es una complicación específica de
la FMF sino que puede aparecer en el curso de cualquier enfermedad
inflamatoria crónica no tratada adecuadamente, como sucedía
hace décadas con la tuberculosis. El diagnóstico
se realiza mediante la identificación de sustancia amiloide
en el intestino o en los riñones.
Los niños que reciben colchicina a dosis adecuadas (ver
¿Cuál es su tratamiento?) no desarrollan esta complicación
potencialmente mortal.
¿Es
la enfermedad igual en todos los niños?
No, incluso en el mismo niño puede variar tanto el tipo
de episodio como su duración o intensidad.
¿Es
la enfermedad igual en niños y en adultos?
En general la FMF en niños es muy similar a la de los adultos.
Hay ciertas características, como la artritis y la miositis,
que son más frecuentes en niños y que, de hecho,
se ven con menor frecuencia según aumenta la edad de los
pacientes. Algo similar sucede con la orquitis, que es más
frecuente en jóvenes que en adultos. La edad de comienzo
de la FMF también es importante, ya que cuantos más
años pasen sin tratar adecuadamente la enfermedad mayor
es el riesgo de desarrollar amiloidosis.
¿Cómo
se diagnostica?
No hay ninguna prueba específica para hacer el diagnóstico
de FMF. Generalmente se sigue el siguiente esquema:
a) Sospecha Clínica. Sólo se puede considerar la
posibilidad de una FMF cuando el niño ha presentado un
mínimo de 3 episodios. Cierta información adicional,
como el origen de la familia y los antecedentes de síntomas
similares o de insuficiencia renal no explicada en otros parientes,
puede contribuir al diagnóstico.
b) Seguimiento. Para poder confirmar el diagnóstico es
necesario controlar muy estrechamente a los niños en los
que se sospeche FMF. Se debe evaluar al paciente durante al menos
uno de estos episodios febriles para realizar un examen físico
completo y obtener análisis de sangre que permitan confirmar
la existencia de inflamación.
Los análisis demuestran una elevación de los reactantes
inflamatorios durante los episodios, que vuelven a cifras normales
o casi normales una vez que desaparecen los síntomas. En
esta etapa del diagnóstico también se pueden utilizar
unos Criterios de Clasificación diseñados para ayudar
a reconocer la enfermedad.
Si por el motivo que fuera no se pudiera explorar al niño
durante uno de estos episodios se debe pedir a los padres que
cumplimenten un “diario de síntomas” describiendo
qué sucede durante los mismos. Los análisis se pueden
hacer en un laboratorio de su localidad.
c) Respuesta al tratamiento con colchicina. Aquellos niños
con síntomas y analíticas muy sugerentes de FMF
deben ser tratados con colchicina durante unos seis meses. Si
el paciente tiene FMF dejará de presentar episodios, o
su número, gravedad y duración será significativamente
menor de la habitual.
Sólo después de completar estos pasos se aceptará
que el paciente tiene FMF y se le indicará colchicina de
por vida.
Dado que la FMF afecta a diferentes órganos es necesario
que distintos especialistas participen en el diagnóstico
y manejo de estos pacientes, incluyendo a pediatras generales
y a otros especialistas pediátricos en enfermedades reumáticas
(reumatólogos), riñón (nefrólogos)
y aparato digestivo (gastroenterólogos).
d) Análisis genético. Actualmente se puede detectar
la presencia de las mutaciones implicadas en el desarrollo de
FMF en quienes se sospecha la enfermedad; el diagnóstico
clínico se confirma cuando el paciente porta 2 mutaciones,
una del padre y otra de la madre. Sin embargo, conviene tener
presente que sólo entre un 70 y un 80% de los pacientes
presenta alguna de las mutaciones descritas hasta la fecha, lo
que implica que un porcentaje significativo de pacientes no tiene
ninguna.
Por tanto, y a la vista de las limitaciones del diagnóstico
genético (que además no se halla disponible en cada
centro de cada país), hay que insistir en que el diagnóstico
de FMF continua siendo clínico.
e) Diagnóstico Diferencial:
La fiebre y el dolor abdominal son dolencias muy comunes en la
infancia, por lo que hacer el diagnóstico de FMF es difícil,
incluso en poblaciones de riesgo. Identificar la enfermedad puede
llevar hasta dos años, lo que puede ser importante dado
que la enfermedad no tratada comporta un riesgo de desarrollar
amiloidosis.
Otras enfermedades producen episodios recurrentes de fiebre acompañados
de dolor abdominal y articular; la mayoría de estas enfermedades
son también genéticas y se agrupan como síndromes
febriles periódicos (ver el capítulo “Síndromes
febriles recurrentes asociados a anomalías genéticas”)
incluyendo el Síndrome Hiper IgD, TRAPS, CINCA, PFAPA,
etc. Comparten ciertas características clínicas
con la FMF pero cada una de ellas tiene sus propias características
clínicas y analíticas que las diferencia.
¿Qué
análisis o qué pruebas son útiles?
a) Análisis de sangre. Los análisis de sangre son
importantes en el diagnóstico de los episodios de FMF ya
que permiten detectar la existencia de inflamación. Para
ello se utiliza la velocidad de sedimentación, la PCR,
la fórmula leucocitaria y el fibrinógeno.
Estos análisis se repiten cuando el niño se encuentra
asintomático para observar si se han normalizado, lo que
ocurre en la tercera parte de los enfermos; lo más habitual,
sin embargo, es que persistan algo elevados aunque sus valores
hayan disminuido significativamente.
Los estudios genéticos se realizan asimismo en una pequeña
muestra de sangre.
El último motivo para realizar análisis de sangre
es para control del tratamiento con colchicina, que se realiza
un mínimo de dos veces al año.
b) Análisis de Orina. Se deben realizar para detectar la
presencia de proteínas (proteinuria) y de glóbulos
rojos en la orina. La proteinuria puede ser debida a la propia
crisis de FMF, con lo que sería transitoria, o por el desarrollo
de amiloidosis, en cuyo caso sería persistente. En este
caso estaría indicada la realización de otras pruebas
para confirmar la existencia de amiloidosis secundaria, incluyendo
la cuantificación de la proteinuria, y la realización
de una biopsia rectal o renal para confirmar la presencia de sustancia
amiloide.
c) Biopsia rectal o renal. La biopsia rectal es muy fácil
de realizar y consiste en la obtención de una pequeña
cantidad de tejido del recto. Si no demuestra amiloidosis hay
que hacer una biopsia renal para confirmar el diagnóstico,
lo que requiere que el niño pase una noche en el hospital.
El material obtenido en la biopsia debe ser teñido y examinado
al microscopio buscando depósitos de sustancia amiloide.
¿Cuál
es su tratamiento?
El tratamiento de la FMF es sencillo y consiste en la administración
de colchicina, un medicamento barato y desprovisto de efectos
secundarios significativos. Una vez que se hace el diagnóstico
el niño tiene que recibir esta medicación durante
toda su vida. Si el tratamiento se realiza correctamente el 60%
de los pacientes deja de tener episodios, el 30% tiene una mejoría
parcial, y el 5-10% no tiene respuesta.
Este tratamiento no sólo controla los brotes de FMF sino
que también elimina el riesgo de amiloidosis. Por ello
es fundamental que los médicos expliquen tanto a los padres
como a los pacientes una y otra vez la importancia de tomar la
medicación, todos los días y a la dosis indicada.
El cumplimiento del tratamiento es de suma importancia, ya que
si se realiza adecuadamente la calidad y la expectativa de vida
serán normales. La dosis no debe ser modificada sin consultar
con el médico.
Durante los episodios no hay que aumentar la dosis de colchicina
ya que ésta no tiene efecto sobre los brotes sino sobre
las recurrencias, que es lo realmente importante.
La colchicina no presenta interacciones significativas con otras
medicaciones.
Se han realizado algunos estudios con otros tratamientos como
interferón gamma, anti-TNF y talidomida, aunque en la actualidad
no hay suficientes datos sobre su eficacia y seguridad.
¿Cuáles
son los principales efectos secundarios del tratamiento?
No es fácil para los padres aceptar que su hijo debe tomar
colchicina durante toda su vida. Los posibles efectos secundarios
de la medicina también representa un motivo de preocupación.
La colchicina, sin embargo, tiene un buen perfil de seguridad,
con unos efectos secundarios generalmente leves que por lo general
desaparecen al bajar la dosis. El más frecuente de ellos
es la diarrea.
Algunos niños no toleran la medicación, desarrollando
una diarrea a la dosis indicada. En ellos hay que reducir la dosis
hasta que sea bien tolerada, aumentándola poco a poco hasta
alcanzar la dosis correcta.
También puede producir náuseas, vómitos y
dolor abdominal; ocasionalmente puede disminuir el número
de glóbulos rojos, blancos y plaquetas, que se recuperan
reduciendo la dosis.
En casos excepcionales se ha descrito que produce debilidad muscular.
Asimismo, es muy raro que a las dosis utilizadas produzca una
disminución en el número de espermatozoides. Las
mujeres no tienen que dejar de tomar la colchicina durante el
embarazo o la lactancia.
¿Cuánto
tiempo debe durar el tratamiento?
El tratamiento preventivo debe durar toda la vida.
¿Qué
papel tienen los tratamientos alternativos / no convencionales?
No existen tales terapias para el tratamiento de la FMF.
¿Qué
tipo de revisiones y controles periódicos son necesarios?
Los niños tratados tienen que hacerse análisis de
sangre y de orina al menos 2 veces al año.
¿Cuánto
tiempo dura la enfermedad?
La FMF dura toda la vida.
¿Cuál
es el pronóstico de la enfermedad?
Si se utiliza colchicina adecuadamente durante toda la vida los
niños con FMF viven normalmente. Sin embargo, si hay un
retraso en el diagnóstico o no se cumple el tratamiento
aumenta el riesgo de desarrollar amiloidosis, lo que tiene un
peor pronóstico. Los niños que desarrollan amiloidosis
pueden llegar a necesitar un trasplante renal.
El retraso del crecimiento no es un problema grave en la FMF,
aunque algunos niños sólo tienen el estirón
puberal cuando utilizan colchicina.
¿Tiene
cura?
No, dado que se trata de una enfermedad genética. Sin embargo,
el tratamiento de por vida con colchicina da al paciente la oportunidad
de tener una vida normal, sin restricciones y sin riesgo de desarrollar
amiloidosis.
¿Cómo
afecta la enfermedad a las actividades cotidianas y al resto de
la familia?
El niño y su familia tienen muchos problemas antes de que
se haga el diagnóstico. Así, con frecuencia el niño
tiene dolor abdominal, torácico o articular, por lo que
tienen que llevarle al hospital, y algunos niños son operados
innecesariamente. Una vez que se hace el diagnóstico tanto
el niño como su familia llevan una vida casi normal, hasta
el punto de que algunos olvidan que su hijo tiene FMF favoreciendo
que interrumpan el tratamiento, lo que es peligroso. El único
problema puede ser psicológico, ocasionado por tener que
usar un tratamiento que dura toda la vida, aunque se puede mitigar
con programas de educación para el paciente y su familia.
¿Puede
ir al colegio?
La enfermedad puede afectar a la escolarización si los
brotes son frecuentes. Sin embargo, una vez que comienzan a tomar
colchicina este problema se resuelve.
Los profesores deben recibir información acerca de la enfermedad
y sobre lo que hay que hacer en caso de que tenga un episodio
de FMF en el colegio.
¿Puede
practicar deportes?
Los pacientes con FMF tratados con colchicina pueden practicar
el deporte que deseen, siempre y cuando no exista una inflamación
articular persistente que limite su movilidad; en este caso tendrían
que adaptar el deporte que practican a sus limitaciones.
¿Pueden
la dieta o el clima influir en el curso de la enfermedad?
No. La FMF es una enfermedad genética en la que ni la dieta
ni el clima tienen influencia.
¿Se
le puede vacunar?
Sí, los niños con FMF siguen el mismo calendario
vacunal que los demás niños.
¿Cómo
afecta a su sexualidad? ¿Puede tener complicaciones durante
el embarazo?
Los pacientes con FMF tenían dificultades para tener niños
antes de que se descubriera la utilidad de la colchicina en su
tratamiento; desde entonces su fertilidad es equiparable a la
del resto de la población. La colchicina se puede tomar
durante el embarazo.

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