| EFECTOS
SECUNDARIOS DEL TRATAMIENTO FARMACOLOGICO
Antiinflamatorios
no esteroideos (AINE)
Los AINE son un grupo de fármacos con propiedades antitérmicas
(bajan la fiebre), analgésicas (combaten el dolor) y antiinflamatorias
(disminuyen la inflamación). Se usan para controlar los
síntomas producidos por la inflamación aunque no
tratan su causa ni modifican el curso de la enfermedad.
Su mecanismo de acción se basa en el bloqueo de una enzima
(ciclooxigenasa) que facilita una reacción química
en el organismo fundamental para la formación de sustancias
que pueden producir inflamación. Estas sustancias, llamadas
prostaglandinas, además de producir inflamación
tienen multitud de otros efectos, incluyendo la protección
contra el ácido del estómago, la llegada de sangre
al riñón, etc. La alteración de estas otras
funciones explica los efectos secundarios de los AINE, que se
detallan a continuación.
Los más comunes son las alteraciones gastrointestinales.
Estas comprenden desde una leve molestia abdominal después
de tomar la medicación hasta dolor intenso y hemorragia
digestiva. La hemorragia digestiva puede producir vómitos
en “borra de café” o deposiciones negras. La
toxicidad gastrointestinal de los AINE es considerablemente menor
en niños que en adultos, y se puede reducir tomando la
medicación con comida.
Los AINE también pueden producir una elevación,
habitualmente poco significativa, de las enzimas hepáticas
en la sangre. Este efecto secundario es muy infrecuente excepto
cuando se usa aspirina. La afectación del riñón
por AINE es muy poco frecuente y, en general, se produce en niños
que tienen una alteración previa de la función renal
o una deshidratación importante. Los AINE también
pueden afectar la coagulación sanguínea, aunque
habitualmente este efecto no tiene relevancia clínica si
no existe una alteración previa de la coagulación.
Una vez más, la aspirina es el AINE que mayor efecto presenta
sobre la coagulación, lo que puede resultar útil
en el tratamiento de enfermedades en las que hay un mayor riesgo
de trombosis (formación de coágulos sanguíneos
dentro de los vasos). En este caso, sin embargo, la aspirina no
se utiliza a dosis altas (efecto antiinflamatorio) sino a dosis
bajas (efecto antiagregante plaquetario, antitrombótico).
Existen múltiples AINE, siendo los más utilizados
el naproxeno y el ibuprofeno; la aspirina, aunque es eficaz y
barata, se utiliza mucho menos hoy en día por su mayor
toxicidad. La asociación de distintos AINE no está
indicada aunque, dada la existencia de variaciones individuales,
un AINE puede ser más eficaz que otro en un paciente determinado.
Recientemente se ha comercializado una nueva clase de AINE, los
llamados inhibidores de COX-2 (Celecoxib, Rofecoxib). Estos fármacos
tienen, teóricamente, la eficacia de otros AINE con menos
efectos secundarios a nivel gástrico. Sin embargo, y a
pesar de que los inhibidores de COX-2 tienen un costo mucho más
elevado, todavía se sigue discutiendo si tienen un mejor
perfil de seguridad y eficacia que los AINE tradicionales. La
experiencia con inhibidores de COX-2 en niños es muy limitada.
Ciclosporina
A
La ciclosporina A es un inmunosupresor que se utilizó inicialmente
en transplantados para prevenir el rechazo de órganos.
Es un potente inhibidor de la activación de los linfocitos,
un tipo de glóbulo blanco que tiene un papel regulador
de la respuesta inmune. Puede ser administrado en comprimidos
o en solución oral.
Con cierta frecuencia, sobre todo cuando se usa a dosis altas,
produce efectos secundarios que limitan su utilización.
Estos incluyen problemas renales y hepáticos, náuseas
y vómitos, elevación de la tensión arterial,
aumento del vello corporal y aumento del tamaño de las
encías.
Gammaglobulina
Intravenosa (GGIV)
Contiene un concentrado de los anticuerpos humanos presentes en
la sangre que se obtiene del plasma de múltiples donantes
de sangre. La GGIV es el tratamiento habitual de niños
con algunos tipos de inmunodeficiencia que carecen de capacidad
para producir anticuerpos. En pacientes con algunas enfermedades
autoinmunes produce una mejoría de la inflamación
por un mecanismo de acción todavía no conocido.
Se administra mediante infusión intravenosa y, en general,
es un tratamiento con un buen perfil de seguridad.
Es infrecuente que produzca efectos secundarios. En el momento
de la infusión puede producir reacciones alérgicas,
dolores musculares, fiebre y dolor de cabeza, mientras que unas
24 horas después puede causar dolor de cabeza y vómitos
por irritación aséptica (de causa no infecciosa)
de las meninges. Los síntomas desaparecen espontáneamente.
La GGIV se analiza para garantizar que no contenga virus de hepatitis,
de la inmunodeficiencia humana (VIH), etc.
Corticosteroides
(CS)
También se llaman corticoides o esteroides. Los CS son
un amplio grupo de hormonas necesarias para la vida que produce
de manera natural el cuerpo humano; esas hormonas y otras relacionadas
con ellas pueden fabricarse sintéticamente para el tratamiento
de varias enfermedades. Las que se utilizan en medicina no tienen
que ver con las que usan algunos deportistas para mejorar su rendimiento.
Los CS son los antiinflamatorios más potentes y de más
rápida acción conocidos. Se usan cuando se requiere
una rápida mejoría clínica, pudiendo en ocasiones
salvar la vida a los pacientes.
Además de sus acciones antiinflamatorias e inmunosupresoras
tiene efectos sobre múltiples sistemas del organismo, incluyendo
el sistema cardiovascular, el metabolismo hídrico, lipídico
y de los carbohidratos, las respuestas de estrés (ante
quemaduras o traumatismos), etc.
Desafortunadamente tienen muchos efectos secundarios en tratamientos
a largo plazo, por lo que deben ser prescriptos y controlados
por médicos con experiencia en su utilización.
Dosis y vías de administración: Los CS se pueden
utilizar por vía sistémica (orales o intravenosos),
por vía local (inyectados en una articulación) o
por vía tópica (gotas para la inflamación
ocular o cremas para la piel). La dosis y vía de administración
dependen de la enfermedad y de la gravedad de la misma, no existiendo
una pauta rígida de administración en lo que se
refiere a la cantidad total o al número de dosis diarias.
En casos de enfermedad grave muchos reumatólogos prefieren
utilizar CS a dosis altas por vía intravenosa, ya que tienen
un efecto muy potente y un rápido inicio de acción;
para ello se suele utilizar metilprednisolona, una vez al día
durante varios días seguidos. También se puede administrar
corticoides intravenosos a menores dosis cuando la medicación
no se absorbe adecuadamente vía oral. Sin embargo, la vía
más común para administrar corticosteroides sistémicos
es la oral, siendo la prednisona y la prednisolona los más
utilizados. Los CS vía oral se pueden administrar siguiendo
distintas pautas. Así, una misma cantidad de esteroide
tiene más efecto administrado en varias dosis al día
que en un sola toma; este tipo de dosificación produce
más efectos secundarios, aunque en ocasiones es la única
manera de conseguir un mejor control de la enfermedad. Sin embargo,
y al objeto de reducir sus efectos secundarios, habitualmente
se administran en una dosis única diaria, habitualmente
por la mañana, o a días alternos (un día
sí, un día no).
La administración intraarticular (local) de corticosteroides
de acción prolongada (también llamados de depósito)
en las articulaciones inflamadas es el tratamiento de elección
en algunos tipos de artritis. Para este fin se utilizan el acetónido
de triamcinolona o el hexacetónido de triamcinolona. Estos
CS están unidos a unos cristales microscópicos que
favorecen su dispersión dentro de la articulación
y su liberación durante largos periodos de tiempo, lo que
justifica que su acción antiinflamatoria sea prolongada.
La duración del efecto antiinflamatorio de este tipo de
CS es variable, oscilando en la mayoría de los pacientes
de semanas a meses.
Dependiendo de la edad del niño, de las articulaciones
a infiltrar y de otras circunstancias, la inyección articular
se realiza sin anestesia, con sedación (midazolán
o entonox), con analgesia tópica (crema o spray anestésicos
para la piel), con anestesia local (inyectando un anestésico
en la piel) o con anestesia general.
Efectos Secundarios: Los CS tienen dos tipos de efectos secundarios,
los derivados de su utilización prolongada y los que se
producen cuando se interrumpe la medicación. Tanto el tipo
como la gravedad de sus efectos secundarios presentan variaciones
individuales y son difíciles de predecir. Su toxicidad
se relaciona con la dosis y con la pauta de administración
utilizadas, como se comentó anteriormente.
Los efectos secundarios derivados de su utilización prolongada
son múltiples y afectan desde el estado de ánimo
hasta la imagen corporal. Así, los CS a dosis altas pueden
producir euforia, inestabilidad emocional e insomnio, que se pueden
seguir de cansancio y hasta de depresión al rebajar las
dosis. Los CS pueden producir un acné facial que puede
ser significativo, aunque se puede controlar con tratamiento tópico.
También inducen un incremento significativo del apetito
que puede ser difícil de controlar y que produce aumento
de peso y la aparición de estrías en la piel.
Los CS tienen también graves efectos secundarios que no
son tan aparentes. Pueden producir cataratas y aumento de la tensión
intraocular (glaucoma). También producen elevación
de la tensión arterial (hipertensión) y de los niveles
de azúcar en la sangre, que puede ser de tal intensidad
como para inducir una diabetes (diabetes esteroidea). Otros efectos
importantes en niños son el retraso o la detención
del crecimiento, y la osteoporosis (fragilidad del hueso). Por
todo ello estos pacientes deben seguir una dieta equilibrada,
rica en fibra y baja en grasas, azúcares y sal, suplementada
con calcio (alrededor de 1.000 mg diarios) y vitamina D.
La utilización prolongada de corticoides también
puede producir inmunosupresión (interfiere con el sistema
de defensa contra las infecciones), aumentando el riesgo de padecer
infecciones o de que estas sean más graves. En niños
es frecuente que la varicela se complique, por lo que es muy importante
que el reumatólogo que controle al niño sea informado
cuando éste haya tenido contacto con alguien con varicela,
o en cuanto se manifiesten los primeros síntomas de la
enfermedad. De acuerdo con la situación del niño
se pueden administrar inyecciones de anticuerpos contra el virus
de varicela o iniciar un tratamiento antiviral.
La mayoría de los efectos secundarios no evidentes se pueden
detectar con un cuidadoso control y seguimiento clínico
y de laboratorio; la osteoporosis puede ser identificada con una
densitometría ósea.
Finalmente, tanto los pacientes como sus familias deben saber
que si se toman corticoides durante un tiempo que oscila entre
una semana y un mes, el cuerpo deja de producirlos, por lo que
la supresión brusca de la medicación puede tener
graves consecuencias, incluyendo la muerte; por ello los corticoides
deben ser rebajados de forma progresiva y lentamente, de manera
que se permita al organismo volver a comenzar su propia producción.
Azatioprina
La azatioprina es un inmunosupresor, esto es, una medicación
que disminuye la inmunidad.
Su mecanismo de acción se basa en inhibir la producción
de ADN, que es un proceso que necesitan las células para
dividirse; su efecto inmunosupresor se produce porque interfiere
la multiplicación de los linfocitos (glóbulos blancos
que controlan la función inmune).
Se administra por vía oral y, aunque normalmente es mejor
tolerada que la ciclofosfamida (discutida a continuación),
puede tener algunos efectos secundarios que necesitan controles
periódicos.
La azatioprina puede producir toxicidad gastrointestinal, aunque
es poco frecuente. Así, puede producir ulceras en la boca,
náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y, más
raramente, toxicidad hepática. También puede tener
efectos secundarios a nivel hematopoyético, produciendo
una leucopenia (reducción del número de glóbulos
blancos) que se relaciona con la dosis administrada o, de forma
aún más infrecuente, una reducción del número
de glóbulos rojos o de plaquetas.
La utilización de azatioprina a largo plazo aumenta, como
otros inmunosupresores, el riesgo de infecciones o de que éstas
sean más graves. En particular, es más frecuente
la infección por el virus de la varicela-zoster. El uso
prolongado de azatioprina podría estar asociado teóricamente
con un aumento del riesgo de desarrollar tumores, aunque hasta
el momento no hay evidencias de que sea así.
Ciclofosfamida
La ciclofosfamida es un inmunosupresor que, al disminuir el funcionamiento
del sistema inmune, reduce la inflamación en enfermedades
autoinmunes. Actúa sobre la síntesis de ADN interfiriendo
la multiplicación de las células, por lo que actúa
sobre todo sobre células de proliferación rápida,
como células sanguíneas, cabellos y células
intestinales. Su efecto inmunosupresor se produce por que interfiere
la multiplicación del tipo de glóbulo blanco que
controla la función inmune (linfocito).
La ciclofosfamida se usa tanto por vía oral como por vía
intravenosa. En reumatología se utiliza habitualmente en
tratamientos intermitentes (una dosis mensual) a dosis moderadas
o altas por vía intravenosa, lo que produce menos efectos
secundarios que la usada en el tratamiento del cáncer.
Es más potente y tiene más y mayores efectos secundarios
que la azatioprina, por lo que requiere un estricto control clínico
y de laboratorio . Los más frecuentes son naúseas
y vómitos, aunque también puede producir fragilidad
o pérdida reversible del cabello, así como una reducción
excesiva del número de glóbulos blancos o plaquetas
circulantes, que pueden motivar un ajuste de las dosis o la suspensión
temporal del tratamiento.
La ciclofosfamida puede producir alteraciones en la vejiga urinaria,
ocasionando hematuria (sangre en la orina), aunque esta complicación
es mucho más frecuente cuando se toma a diario vía
oral que en ciclos mensuales; por ello se recomienda que los pacientes
que reciban este tratamiento beban abundantes líquidos.
Con todo, los efectos secundarios más importantes a largo
plazo son el mayor riesgo de infecciones, sobre todo en tratamientos
combinados con corticoides a dosis altas (que potencian este efecto
secundario), el desarrollo de tumores, y la afectación
de la fertilidad. Estas dos últimas complicaciones son
dosis-dependientes (dependen de la dosis total recibida).
Metotrexato
(MTX)
El MTX es un fármaco que se ha utilizado durante muchos
años en niños con distintas enfermedades. Interfiere
con la disponibilidad de una vitamina necesaria para la división
de las células por lo que, a dosis muy altas, se ha utilizado
para el tratamiento de algunos tumores. En reumatología,
sin embargo, se usa a dosis muy bajas y sólo se administra
intermitentemente (una vez a la semana), por lo que su efecto
antiinflamatorio se lleva a cabo a través de otros mecanismos.
Habitualmente el tratamiento con MTX es a largo plazo, recomendándose
mantener la medicación hasta por lo menos 6 a 12 meses
después de que se controle la enfermedad (remisión).
El MTX se encuentra disponible de dos maneras, vía oral
o inyectable; tanto la vía de administración como
las dosis son elegidas por el reumatólogo en función
de la enfermedad de cada paciente. Los comprimidos se absorben
mejor cuando se toman antes de las comidas, preferentemente con
agua. Cuando los pacientes no toleran la medicación vía
oral se puede utilizar la forma inyectable, que presenta la ventaja
de tener una mejor absorción y menores efectos gastrointestinales;
en este caso se puede poner subcutánea (justo debajo de
la piel) como se ponen las inyecciones de insulina, aunque también
se puede administrar en el músculo o intravenosa.
En general el MTX es una medicación bien tolerada y con
escasos efectos secundarios. Los más frecuentes son náuseas
y molestias gástricas que pueden controlarse tomando el
MTX por la noche antes de acostarse; la administración
de una vitamina (ácido fólico o folínico)
disminuye la frecuencia de estos efectos digestivos así
como la toxicidad hepática del MTX. Si a pesar de ello
persisten los síntomas se pueden pautar antieméticos
(medicación contra los vómitos) antes del MTX o
cambiar la vía de administración de oral a inyectable.
Otros efectos secundarios menos frecuentes incluyen ulceras en
la boca o una disminución del recuento de glóbulos
blancos que suele ser muy leve. El MTX puede producir otras alteraciones
de laboratorio , incluyendo la elevación de los niveles
de algunas enzimas hepáticas; éstos se normalizan
al rebajar o suspender la medicación, pudiendo reintroducir
el MTX una vez que los análisis se han normalizado. Este
tratamiento puede producir en casos muy contados erupciones cutáneas
o reacciones de hipersensibilidad. Por ello, mientras los pacientes
tomen MTX es necesario realizar periódicamente análisis
de sangre.
Algunos efectos secundarios de la medicación descritos
en adultos son excepcionalmente raros en niños, incluyendo
el desarrollo de fibrosis del hígado y la aparición
de tos irritativa o problemas pulmonares. La menor toxicidad hepática
en niños parece ser debida a su falta de exposición
a otros irritantes hepáticos como las bebidas alcohólicas.
Finalmente, el MTX no aumenta el riesgo de infección aunque
sí es cierto que determinadas infecciones pueden tener
un curso mas grave en pacientes que lo toman. Las más importantes
son las paperas y, sobre todo, la varicela. En caso de que el
paciente no haya pasado la varicela y tenga contacto con alguien
que la tenga es importante informar inmediatamente de ello al
reumatólogo, ya que hay tratamientos que evitan o reducen
sus complicaciones. Antes de iniciar tratamiento con MTX se pueden
hacer unos análisis para confirmar que un niño ha
pasado la varicela o proceder a su vacunación.
En el caso de los adolescentes tratados con MTX conviene hacer
dos puntualizaciones. La primera es que no deben ingerir bebidas
alcohólicas, ya que pueden favorecer la aparición
de toxicidad hepática. La segunda es que las adolescentes
sexualmente activas deben utilizar correcta y rigurosamente algún
método anticonceptivo eficaz, ya que en caso de embarazo
el MTX puede dañar al feto.
Hidroxicloroquina
La hidroxicloroquina se utilizó inicialmente para el tratamiento
de la malaria, aunque también puede actuar sobre otros
procesos relacionados con la inflamación. Es una medicación
fácil de tomar (una vez al día) y habitualmente
bien tolerada.
Su efecto secundario más frecuente es la aparición
de intolerancia gastrointestinal, en general leve, aunque su efecto
más grave es la toxicidad ocular; la hidroxicloroquina
se acumula en la retina, la parte del ojo responsable de la visión,
donde persiste durante mucho tiempo, incluso después de
suspender la medicación. Este tipo de efecto secundario
es extremadamente infrecuente cuando se utiliza hidroxicloroquina
a dosis bajas como sucede en Reumatología, aunque puede
producir pérdida de visión aún después
de interrumpir el tratamiento. Por ello, a pesar de que la necesidad
y frecuencia de las revisiones oftalmológicas en pacientes
que reciben dosis bajas de hidroxicloroquina continua siendo objeto
de debate, parece razonable que los pacientes con este tratamiento
sean evaluados periódicamente por el oftalmólogo.
Sulfasalazina
La sulfasalazina es el resultado de la combinación de un
antimicrobiano y de un antiinflamatorio. Fue desarrollada hace
muchos años cuando se pensaba que la artritis reumatoide
del adulto era una enfermedad infecciosa; a pesar de lo erróneo
de este planteamiento la sulfasalazina ha demostrado ser efectiva
en el tratamiento tanto de diferentes tipos de artritis como de
un grupo de enfermedades caracterizadas por inflamación
intestinal crónica. Se administra por vía oral.
No es infrecuente que la sulfasalazina produzca efectos secundarios,
entre los que se incluyen problemas gastrointestinales (anorexia,
nauseas, vómitos y diarrea), toxicidad hepática
(elevación de las transaminasas), reacciones alérgicas,
citopenias (disminución del número de células
de la sangre), y disminución de las inmunoglobulinas en
el suero. Por ello los pacientes tratados con sulfasalazina deben
realizarse análisis periódicamente.
Este fármaco no debe ser administrado a pacientes con la
forma sistémica de la artritis idiopática juvenil
o con lupus, ya que en ellos la sulfasalazina produce toxicidad
con mayor frecuencia.
Colchicina
La colchicina es un derivado de semillas secas de colchicum, género
de plantas floreadas de la familia de las liliáceas conocido
desde hace siglos. Se administra por vía oral e inhibe
la función y número de glóbulos blancos,
bloqueando de esta manera la inflamación.
La mayoría de sus efectos secundarios están relacionados
con el sistema digestivo, e incluyen diarrea, náuseas,
vómitos y dolores abdominales. Estos síntomas habitualmente
responden a la reducción de la dosis por lo que, una vez
que desaparecen, se puede aumentar la cantidad de colchicina poco
a poco hasta alcanzar la dosis correcta.
Otros efectos adversos mucho más infrecuentes incluyen
erupciones en la piel, caída del cabello, y una disminución
del número de células sanguíneas que se recupera
al suspender el tratamiento. Por este motivo se recomienda la
realización periódica de análisis de sangre.
De forma excepcional puede producir en pacientes con problemas
renales o hepáticos una debilidad muscular (miopatía)
que desaparece al suspender la medicación. También
es excepcional la afectación de los nervios periféricos
(neuropatía), cuya recuperación es más lenta
que la miopatía.
La colchicina puede producir, como tantas otras medicinas, intoxicaciones
graves cuando se toma en dosis muy superiores a las utilizadas
habitualmente, por lo que los padres deben asegurarse de que esta
medicación –como todas las demás– no
está al alcance de los niños.
La colchicina se puede tomar durante el embarazo.
Agentes
anti-TNF
El factor de necrosis tumoral (TNF) es una molécula que
juega un papel central en la respuesta inflamatoria. Los avances
que se han producido en los últimos años en el campo
de la biotecnología han permitido el desarrollo de medicinas
(“terapias biológicas”) que inhiben selectivamente
al TNF, incluyendo bloqueantes de los receptores del TNF (Etanercept)
y anticuerpos anti TNF (Infliximab y Adalimumab).
El etanercept se administra mediante inyección subcutánea
dos veces a la semana. Como ocurre con los diabéticos que
utilizan insulina o los pacientes que siguen tratamiento con MTX
parenteral se puede enseñar a los pacientes y/o a sus padres
a poner estas inyecciones. Puede producir reacciones locales (erupciones,
picazón o hinchazón) en el punto de la inyección,
pero son normalmente leves y de corta duración.
El Infliximab sólo se puede administrar por vía
intravenosa, por lo que requiere internación hospitalaria.
Durante la infusión de la medicación se pueden producir
reacciones alérgicas cuya gravedad oscila entre leve (agitación,
erupción en la piel y picazón), fáciles de
tratar, y muy graves, con hipotensión (tensión arterial
baja) y riesgo de shock. Estas reacciones alérgicas se
producen después de la primera infusión y se deben
a la producción de anticuerpos (defensas) contra una porción
de la molécula del Infliximab que es de origen murino (de
ratón). Una vez que se produce una reacción alérgica
grave se deber suspender la medicación.
El Adalimumab es igual que el Infliximab pero humanizado (no tiene
componentes murinos). Como el Etanercept se administra vía
subcutánea.
Todas estos fármacos tienen un potente efecto antiinflamatorio
que persiste mientras se sigan administrando. Su principal efecto
secundario es que confieren una gran susceptibilidad para padecer
infecciones, especialmente la tuberculosis. Cuando se produce
una infección grave se debe suspender el tratamiento.
Dado que estos fármacos son muy recientes, no se dispone
de muchos datos sobre la seguridad de su utilización a
largo plazo, menos aún en niños. De manera excepcional
se ha relacionado el tratamiento con estos fármacos con
la aparición de enfermedades autoinmunes diferentes de
la artritis; por otro lado, no existe ninguna evidencia de que
estas terapias predispongan a padecer cáncer.
Hay otras terapias biológicas no basadas en el bloqueo
del TNF, como son los anticuerpos IL1ra, IL6, etc., que están
siendo utilizados en el tratamiento de algunas enfermedades reumáticas
en adultos y, de manera experimental, en algunos niños.
Todos los agentes biológicos son muy caros.

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